¿Conservando o Cohabitando? Pedro Pablo Achondo Moya* Algunas trampas del conservacionismo Hace un tiempo llegó a mis manos un hermoso libro sobre el Parque Nacional Yendegaia, con fotos que muestran la indiscutible belleza de los paisajes y algunas reflexiones sobre la creación, inspiración y los actores involucrados en este proyecto. Referirme a este libro y a Yendegaia me sirve para captar la naturaleza de las ideas conservacionistas que hay detrás, las que probablemente no sean muy distintas de las que han empujado la conservación en Chile. Douglas Tompkins, en el libro referido, afirma que “los Parques Nacionales son la meta más alta de la conservación de tierras” y que ellos “ayudan a inculcar la ética de conservación” (2014: 5). No faltan alusiones como “el triunfo de la naturaleza” o “la naturaleza vuelve a aparecer”. Nicolo Giglio, un habitante de la zona y participante del proyecto Yendegaia dice que “las especies vegetales y animales, los bancos genéticos in situ, y los ecosistemas naturales tienen un valor existencial inconmensurable” (2014: 11). Por su parte, Hernán Mladinic Alonso, sociólogo y oriundo de la región de Magallanes, relata que “la Fundación Yendegaia sumó varios chilenos conservacionistas de mucha experiencia en la protección y creación de parques privados, quienes continuaron en la labor de supervigilar y proteger esta tierra”, además de que “crear parques nacionales es un acto ético, pues se centra en valores intrínsecos, como la belleza, la diversidad de vida, la perpetuidad de los ecosistemas y la posibilidad de capturar en un puñado de tierra un pedazo de paraíso, un trozo de eternidad, donde todos los habitantes son bienvenidos sin distinción” (2014: 14). Este denso párrafo me proporciona varias aristas para analizar las ideas del conservacionismo, al menos a la usanza chilena; y verificar algunas “trampas” como las he llamado. Uso este término pues es difícil estar en desacuerdo con la belleza de los paisajes “naturales” o con el ímpetu ético de preservar la biodiversidad o la loable protección de especies en vías de extinción. De alguna forma el paradigma conservacionista se muestra como perfecto o “puramente positivo” (Tompkins, 2014: 4). Frente a la intención, al parecer, no hay nada que contrarrestar. Y es precisamente esa su trampa. No son las intenciones o los móviles, aunque