18 EL CELEMIN N.º 26 INVESTIGANDO EN EL MUSEO Por Juan B. Carpio Dueñas Director. Museo PRASA Torrecampo elementos con los que han trabajado en nuestro museo los técnicos (los res- tauradores), pero no quienes vienen a realizar aquí sus investigaciones cien- tífcas. Rápidamente asociamos estos cachivaches con “la ciencia”, cuando en la mayor parte de las ocasiones, como ocurre en los museos, se usan para fun- ciones técnicas y no científcas. Y es el que el hábito no hace al monje. Lo que me recuerda que, por más que algunos profesores de las materias “de ciencias” usaran bata blanca por los pasillos del instituto en mi época de estudiante, no dejaban de ser tan maestros y tan poco científcos como quienes impartían la- tín, lengua o historia. Pero dejo aquí este hilo, que nos llevaría por otros caminos. Sólo quería comenzar indicando que nuestra idea de lo que es y lo que no es investigación científca no sólo es limi- tada: a veces también es falsa, y confun- dimos técnica con ciencia. Pero es que ni siquiera si logro con- venceros de que el estudio de la histo- ria, con su metodología propia, es una ciencia, me resultaría fácil que vieseis relación entre investigación y museo. Si repetimos la búsqueda de imágenes en google tecleando ahora “investiga- ción histórica” aparecerán en la pan- talla libros, manuscritos en papel o en pergamino, mapas y acaso una lupa que ayude a leerlos. Ni rastro de museos. Y nos costará trabajo acercarnos a estas instituciones aun buscando “investiga- ción arqueológica”, que nos devolverá E s posible que si os preguntan por los trabajos que se reali- zan a diario en el museo, los de investigación no sean los primeros que os vengan a la mente. Aun- que investigar es una de las principales funciones de estas instituciones, jun- to a conservar, documentar y difundir. El problema es que seguimos teniendo una idea preconcebida extraordinaria- mente limitada de lo que es investiga- ción científca. En la primera página de resultados de la búsqueda de estas dos palabras (“investigación científca”) en imágenes de google encontraremos ma- nos enguantadas ante un microscopio, al que acercan algo ayudándose de unas pinzas; a veces se ve la cara de las per- sonas, frecuentemente oculta tras una aséptica mascarilla; en otras ocasiones la escena se completa con cuerpos ves- tidos invariablemente con bata blanca. Microscopios, pinzas, mascarillas, batas, pipetas, matrices, gafas de seguridad, imanes, alambiques, campanas extrac- toras, o electrodomésticos blancos de uso incierto… Pero nada que a uno le recuerde ni remotamente el trabajo que pueda hacerse en el museo. Aunque parezca extraño, podemos encontrar estos instrumentos también en los museos. Pero lo más habitual no es que estén en laboratorios de inves- tigación, sino en los talleres de conser- vación y restauración. Pipetas, bisturí, microscopio y lupa binocular, ultraso- nidos, campanas extractoras, microa- brasímetros y equipos láser son algunos