La influencia del futurismo en España Juan Agustín Mancebo Roca Universidad de Castilla-La Mancha XVI Congreso Nacional de Historia del Arte Mesa IV.Tesis de Doctorado en curso de realización. Proyectos de investigación subvencionados. Otros estudios Introducción. Las vanguardias y España Hablar de la introducción de los movimientos van- guardia en España es complicado en la medida en que éstos se desarrollaron en un momento en que el país se cerraba sobre sí mismo, anquilosado en sus contradiccio- nes, y sólo figuras puntuales participaban de las transfor- maciones que sucedían en Europa: Picasso, Dalí, Gris, Miró o Buñuel operaron dentro del cubismo y surrealismo y se permeabilizaron con respecto al resto de los movimien- tos. Sin su participación, el nacimiento y desarrollo de los mismos hubieran sido sustancialmente distintos, proba- blemente imposibles. La vanguardia en España tuvo una idiosincrasia propia, diferente dentro del contexto europeo. Se configuraba como una amalgama de ideas heredadas, complementa- das por actitudes propias. El mismo concepto ofrece en nuestro país una compleja relación que opera entre su propia inexistencia –o su posibilidad como un movimien- to débil, alejado en obras y contenidos programáticos a lo sucedido en el resto del continente– hasta la influencia suramericana, en donde se reconoce fehacientemente la influencia italiana tamizada por la hibridación peninsular. Una inquietud derivada de esta complejidad llevó a Ernesto Giménez Caballero a plantear una encuesta en La Gaceta Literaria en 1930 que evidenció la defunción de los incipientes movimientos españoles, apenas nacidos, en un programa estético inconcluso. La inserción de las van- guardias fue debida al interés de las élites ar tísticas e inte- lectuales por las nuevas manifestaciones europeas y al deseo de implicarse en una aventura similar, que sacaran al país de ese letargo que daba la espalda a la moderni- dad. El poeta Mauricio Bacarisse, escribía:“Yo creo que se llama movimiento de vanguardia al tentativo de reintegra- ción de las letras y las artes españolas al espíritu occiden- tal que va desde el final de la guerra hasta hoy”. Por tanto, hablaremos de artistas que mimetizan las corrientes europeas, primero en Cataluña y posteriormente en el resto de la península. Esa vanguardia producida en España no fue pródiga en grupos, sino más bien en figuras que los auspiciaron pero que operaron independientemente. En el campo de la literatura, Vicente Huidobro, Guillermo de Torre, Jorge Luis Borges –jovencísimo poeta que renegaría de toda esta manifestación en su madurez– o Rafael Cansinos- Assens, que adoptaría cierto dirigismo ante la espantada de Gómez de la Serna para convertirse en el líder de los renovadores españoles. En las artes, esa determinación derivada de las teorías y producciones plásticas italianas la cuestión es más difusa. Por una parte, el contenido plásti- co del que se apropian es el cubismo, ya que los pintores italianos adoptaron su estética metamorfoseando el con- cepto de tiempo por el de movimiento. Por otro lado, querían crear obras transgresoras, herederas de los incendiarios textos italianos. Si no se volvía la cara a la tra- dición, habría que crear una estética acorde con el mundo que, en ese periodo, sucedía. Ante la falta de primeras figuras –posteriormente veremos la influencia en artistas que no habían emigrado, como Salvador Dalí– participa- ron pintores como Francisco Bores, los suramericanos Rafael Barradas, Joaquín Torres-García y Norah Borges, que plantearon los nuevos retos de la pintura española y que la llevarían a sus últimas consecuencias en sus países de origen; otros inclasificables que elaboraron durante un