19/1/2021 El punto débil del método del Carbono-14: el mapa cronológico oficial chronologia.org/sp/articulos/20191012_carbono14.html 1/3 El punto débil del método del Carbono-14: el mapa cronológico oficial Andreu Marfull Pujadas 12 d’octubre de 2019 El método de datación del radiocarbono, más conocido como del Carbono-14, en su procedimiento, se ajusta a las fechas de muestras que, por consenso, se considera que están fuera de duda. Resulta, por tanto, eminentemente controvertido, ya que nadie (prácticamente nadie), se imagina que existe una relación indisociable entre el método datación y el mapa cronológico oficial. De hecho, se tiene la falsa certeza de que se trata de un método infalible, que no depende de ningún otro condicionante que el de una ley universal. Pero no es así. Por esta razón, existen cientos de resultados que no encajan, y muchos de ellos contienen errores de cientos o incluso miles de años. El creador del método del Carbono-14, Willard F. Libby (1), fue galardonado con el Premio Nobel de Química de 1960 por esta aportación (Libby, 1955). Era consciente de la dependencia del método respecto a la base cronológica oficial, y él mismo manifiesta no ponerla en duda. Incluso, el mismo Libby afirma que el método sólo es preciso hasta el tercer milenio antes de Cristo, porque no se dispone de muestras debidamente fechadas. El método se basa en la presencia de isótopos de carbono radiactivo en el material orgánico, pero estos oscilan en el tiempo, por lo que, para determinar una edad real, hay que hacer correcciones complejas que reflejen la variación de la composición, y, para calibrarlo, es necesario disponer de los resultados del análisis de objetos de los que se conozca la fecha exacta. Es lo que se conoce como curva de calibración, que suele tomar de referencia las tablas de datación de la dendrocronología (medición de la edad con los anillos del tronco de los árboles), pero también de otros métodos. La técnica de la dendrocronología consiste en documentar los patrones de grosor de los anillos, y con ello sobreponer fragmentos hasta establecer una tabla dendrocronológica de datación lo más extensa posible. Pero no es infalible. Incorpora márgenes de error y muchas limitaciones, atendiendo a diversos factores (Fomenko y Nosovskiy, 2005a). En primer lugar, resaltar que los resultados del radiocarbono de estas muestras deben ser objeto de su propia calibración, atendiendo al tratamiento de las maderas y su naturaleza, y el margen de error crece a medida que las muestras corresponden a tiempos más remotos. En segundo lugar, resaltar que la edad media de los árboles europeos y asiáticos oscila entre los tres y los cuatro siglos, de modo que es complejo disponer de una muestra continua, y ésta se debe construir por fragmentos que tienen que corresponder con la misma zona, ya que cada zona crea sus respectivos patrones climáticos (que se descifran en el grosor de los anillos). Por tanto, el propio proceso de construcción de la tabla dendrocronológica adquiere un elevado grado de reconstrucción de la calibración que fácilmente conduce al error. Por otro lado, es cierto que existen árboles de más edad en América, pero sus resultados no son extrapolables a Europa y Asia, como tampoco lo son hacia las zonas donde se encuentran las civilizaciones americanas, ya que estos árboles se encuentran alejados de ellas. En tercer lugar, se encuentra otro factor no del todo reconocido por la ciencia dendrocronológica, y es la capacidad de tomar decisiones derivadas del consenso del mapa cronológico oficial. Es decir, ante la duda razonable se usa el valor añadido de las fechas oficiales. El contraste de los cálculos establecidos en distintas muestras, consensuadas por la historiografía, resultado de cálculos y razonamientos, es tolerado por el método científico. Y, en cuarto lugar, se encuentra otro factor todavía menos considerado. Se trata de la posibilidad de que se introduzcan piezas mal datadas en la construcción de la tabla dendrocronológica. O, dicho de otro modo, que se introduzca con calzador, en el puzle del tiempo, una o varias piezas erróneas, y con el afán de usarlas se establezcan falsas conclusiones y se planteen hipótesis infundadas. En conjunto, el método es científico, pero no necesariamente exacto, de modo que tiene una utilidad relativa para la datación, y todavía más relativa para la curva de calibración del método del Carbono-13. Por esta razón, la comunidad científica internacional ha elaborado distintas escalas dendrocronológicas por consenso, que ocultan el verdadero margen de error, y, básicamente, son solo parcialmente fiables para los cinco o diez siglos anteriores a la fecha de la elaboración del análisis. En todos los casos, sea cual sea la base de las muestras utilizadas, los resultados del método del Carbono-14 deben informar del método de calibración utilizado, del grado de confianza de los rangos de calibración y de los resultados obtenidos antes de la calibración. Es decir, para ajustar el resultado es imprescindible diseñar una tabla de ajustes, que se basa en aproximaciones elaboradas en base a un consenso que toma en consideración el mapa cronológico oficial, que es quien determina la corrección de los márgenes de error y le da consistencia. De modo que, si cambia el mapa cronológico, cambia la tabla de calibración del método del radiocarbono, y, por tanto, varían los resultados. Por esta razón existe, dentro de la comunidad científica, quien pone en duda la fiabilidad del método del Carbono-14, y denuncia la capacidad que tiene de distorsionar la historia, como los matemáticos rusos Anatoly T. Fomenko y Gleb V. Nosovskiy (2005a) (2), junto con los científicos Christian Blöss y Hans-Ulrich Niemitz (1997) (3). Haciendo referencia al trabajo de Alexander S. Mischenko (4), Fomenko y Nosovskiy (2005a), resaltan que, actualmente, se conocen tres procesos que alteran la composición del radiocarbono después de la muerte del organismo, que son: 1) descomposición de la muestra orgánica; 2) intercambio isotópico con carbono exterior; y 3) absorción del carbono del medio circundante. Así como otros efectos que alteran los resultados, tanto en su manipulación como debido a: la latitud; la longitud; la proximidad de unas u otras formaciones geológicas y geográficas, en la tierra y en el mar; la altura sobre el nivel del mar; el clima, etc. Entrando en detalle, Fomenko y Nosovskiy (2005a) destacan que: La idea teórica de la medición de la edad radiocarbónica es muy sencilla. Por ello es suficiente conocer. el contenido de radiocarbono en el intercambio en el momento de la salida del objeto del fondo de intercambio, el periodo exacto de semidesintegración del radiocarbono C14. Después de esto, una vez tomado un volumen suficiente de la muestra, se debe medir la cantidad de radiocarbono en la actualidad, y después de restar y dividir se encuentra el tiempo que ha pasado desde que el objeto salió del depósito de intercambio hasta el momento de la medición. Pero, tal y como destacan los matemáticos rusos (2005a), “la demostración principal [del método] son las mediciones radiocarbónicas de control, de muestras de edad conocida”. Por esta razón, más allá de contener márgenes de error en el método, debido a al hecho de dar por buenas muestras que no lo son, tiene la capacidad de catalogar como “falsificaciones” objetos que en realidad son ciertos, pero, como no encajan debidamente en el mapa oficial, se los etiqueta con esta acusación.