Espacio Laical # 3-4. 2020 59 El sujeto redentor revolucionario y la marginalidad abakuá en el filme De cierta manera Por Jorge Camacho Al inaugurarse la República de Cuba en 1902, un gru- po de juristas, escritores y etnólogos se prepusieron atacar lo que llamaban la «mala vida cubana». Entre estos intelectuales estaban Fernando Ortiz e Israel Castellanos para quienes la brujería, el ñañiguismo y la criminalidad eran parte de los males que había he- redado la República del periodo colonial. De esta for- ma, al igual que ocurrió en la colonia con escritores como Francisco Calcagno, estos letrados se propusie- ron «defender la sociedad», en el sentido que Michel Foucault se preguntaba si esta, en su estructura polí- tica, no estaba organizada de manera tal que algunos pudieran «defender su dominación contra la rebelión de los otros» (31). Ya que la perspectiva de estos auto- res respondía a la de una sociedad blanca, de herencia española y católica, donde cualquier elemento que desentonara convertía a Cuba en una comarca africa- na. Para ellos, por tanto, se imponía la aculturación a través de mecanismos normativos como el estudio, la ciencia, el trabajo y la ley. En la Cuba revolucionaria, que adoptó el marxis- mo-leninismo como ideología rectora, los vectores de la transformación no serán diferentes. Se rechazará cualquier forma de «mito», religión o sociedad secreta que no respondiera a las expectativas del Estado. El co- nocimiento verdadero debía basarse en las ciencias, el marxismo y la idea del progreso indetenible de la socie- dad, que excluía cualquier rasgo de culturas originarias o ancladas en el pasado como la religión de los abakuá o la santería. Esto da origen a lo que podríamos llamar una narrativa redentora y maniquea, en el sentido que el personaje principal de las tramas que privilegia el Estado, en la literatura o en el cine, encarnan los valo- res «positivos» del gobierno, la civilización y la cultu- ra, mientras que sus adversarios representan el pasado, la criminalidad, el imperialismo y la barbarie. De cierta manera, de Sara Gómez (1942-1974), es un ejemplo clave de este tipo de narrativa a la que podríamos agregar otros filmes como El brigadista (1977), de Octavio Cortázar, y Una novia para David (1985), de Orlando Rojas. La película de Sara Gómez se estrenó en 1977, dos años después de celebrarse el Primer Congreso del Partido Comunista de Cuba y en medio de una ofensiva para educar la población en los valores de la sociedad socialista. La película, mitad actuada y mitad hecha con materiales documentales, fotos, grabados de la colonia y personajes reales del barrio de Miraflores, narra las experiencias de una maestra, Yolanda, actuada por Yolanda Cuéllar, quien va a trabajar a un barrio pobre de La Habana donde se encuentra con un ambiente disfuncional. Como se explica en la película, en 1960 el gobierno revolucio- nario había censado la población y dirigió una cam- paña de alfabetización en los barrios insalubres (9:56). Demolió barrios marginales como Las Yaguas y cons- truyó nuevos edificios y repartos en lo que el filme lla- ma «una estudiada estrategia de integración» (3:58). La película es parte de esta «estrategia» y presenta un escenario en conflicto que involucra a la protago- nista, que representa los valores socialistas-comunis- tas revolucionarios, (a quienes los críticos del barrio llaman la «Konsomol») y por otro, los habitantes de Miraflores, algunos de los cuales seguían reprodu- ciendo en su vida diaria los hábitos sociales que ca- racterizaban la colonia y la República. Estos hábitos eran la vagancia, el machismo, el analfabetismo y las religiones de herencia africana. El barrio de Miraflo- res se convierte de esta forma en un espacio donde luchan dos fuerzas antagónicas, dos temporalidades, el pasado de la Revolución, con su «hombre margi- nal», y el presente socialista con la maestra Konso- mol. Los nuevos valores que esta promovía eran el trabajo estatal obligatorio, la educación comunista y la colectividad revolucionaria, principios que se po- nen por encima de cualquier otro, incluyendo los de la familia y los de la religión. En este ambiente nadie