1 MENORES FRENTE A LOS MEDIOS DE COMUNICACION Francisco Bernete Resumen Desde que los medios audiovisuales se han convertido en un miembro más de la familia, parece lógico valorar y analizar los efectos que los contenidos de esos medios de comunicación de masas producen sobre los más pequeños de la casa. Los niños viven rodeados de estímulos percibidos desde distintos ámbitos de su entorno social. Los medios de comunicación son uno más. Presentar los medios de comunicación, fundamentalmente la televisión, como un medio nocivo para la educación del niño es cuanto menos ver la realidad parcialmente. Sin embargo, los educadores, los padres… se plantean la pregunta ¿qué hacer ante el fenómeno de la televisión? La respuesta puede pasar por que los adultos adquieran la capacidad de seleccionar contenidos para después explicar y educar sobre esa actitud a sus progenitores. Abstract Since the media has become a member of our families, it makes sense to assess and analyze how the media affects children. These are surrounded by stimuli perceived from different parts of their social environment. The media are another stimulus. Thinking that the media, especially television, are harmful to children can be seen as partial vision. Yet educators and parents wonder, what can we do about television? The answer could be for adults to gain the ability to select the shows they will watch and then to explain and educate children on this topic. Las autoridades públicas, las familias, los educadores y los científicos sociales, entre otros, comparten hoy la preocupación por saber de qué modo los Medios de Comunicación de Masas (en adelante MCM) afectan a la población, en general, y a los niños, en particular. Preocupación que ha ido creciendo ininterrumpidamente en esta segunda mitad del S. XX, sobre todo, desde que la televisión penetra en los hogares. La inquietud, e incluso la sensación de que los medios audiovisuales pueden ser peligrosos y deben ser controlados porque sus contenidos son unas veces triviales y otras dañinos, se combina con la certeza de que los niños disfrutan de tales aparatos entre 20 y 25 horas semanales; lo cual parece a todas luces contradictorio. Si de verdad, se tiene la convicción de que la televisión, por ejemplo, produce un efecto negativo sobre los niños, parece más lógico impedirles que la vean, a no ser que se trate de una sensación insegura e inestable. Es claro, al menos, que en la programación audiovisual existen suficientes intereses mercantiles (piénsese en la publicidad y venta de objetos relacionados con programas como Las Tortugas Ninja o, más recientemente, El rey León y Pocahontas), como para que nos preocupemos de la protección del niño frente a la explotación comercial, de la que puede ser víctima propiciatoria; o frente a la exhibición de acciones violentas (pensando que, tal vez, los medios audivisuales pudieran estar alimentando cierta fascinación por las atrocidades). Según George Wedell, en Italia han surgido muchos problemas de orden moral y relativos a la protección de los menores, por el hecho de que "los niños han sido expuestos a películas y