LA PASIÓN MISIONERA SEGÚN EL BEATO JOSÉ ALLAMANO Varias son las reflexiones que se han hecho en torno a la pasión misionera y su importancia en la obra evangelizadora de la Iglesia. Varios son los ejemplos de santos y beatos que han puesto en práctica el ardor misionero a ejemplo de Jesucristo. Varios pontifices han exhortado a la Iglesia a tener el celo apostólico en la propagación de la fe. Asimismo, varios son los fieles que, de forma sencilla, sirven a la Iglesia con pasión a través de los ministerios laicales. El beato José Allamano, fundador de misioneros y misioneras de la Consolata, es uno de los que han reflexionado sobre la trascendencia del celo apostólico y su exhortación no se limita solo a los institutos misioneros que él fundó, sino que son útiles para todos los evangelizadores de la Iglesia. ¿Qué significado tiene la pasión misionera? La pasión misionera es sinónimo de ardor misionero o celo apostólico. Es el espíritu propio de un evangelizador y la característica propia de la nueva evangelización. De hecho, la evangelización es nueva por la pasión misionera de los evangelizadores. La Cuarta Conferencia General del Episcopado Latinoamericano, Santo Domingo, reitera claramente esta realidad: “El ardor apostólico de la nueva evangelización brota de una radical conformación con Jesucristo, el primer evangelizador. Así, el mejor evangelizador es el santo” (Santo Domingo, no. 28). Es importante notar que la palabra ardor tiene que ver con quemar o arder. En este sentido, el ardor misionero es quemarse por Dios y eso significa estar apasionado completamente por Él y por su causa en el mundo. Por eso, “el nuevo ardor de la nueva evangelización debe ser al estilo del que devoraba a Jesús; el ardor por el Padre, por la gloria del Padre en la salvación integral de los hombres” (Gloden Enrique, p. 13). Los evangelizadores con la pasión misionera están abiertos a la acción del Espíritu Santo, pues “el Espíritu Santo, además infunde la fuerza para anunciar la novedad del Evangelio con audacia (parresia), en voz alta y en todo tiempo y lugar, incluso a contracorriente” (EG, no.259). Además, el Espíritu Santo es el protagonista de la