Logos An. Sem. Met. 54 (1) 2021: 247-255 247 Cano, Germán, Transición Nietzsche, Pre-Textos, Valencia, 2020. Jorge Polo Blanco En las próximas páginas esbozaré un comentario crítico del ensayo Transición Nietzsche, de Germán Cano. La idea es realizar una suerte de “reseña cruzada”, puesto que el profesor Cano trazará simultáneamente un comentario crítico de mi ensayo Anti-Nietzsche. La crueldad de lo político, que también fue publicado en 2020. El objetivo es establecer un diálogo y una discusión entre dos lecturas contrapuestas de la flosofía nietzscheana. Sin embargo, debo remarcar que comparto plenamente la sentencia de Cano, cuando en la última frase del prólogo dice: “Sea como fuere, hoy podemos seguir siendo antinietzscheanos o postnietzscheanos, pero difícilmente prenietzscheanos” (p. 23). Empecemos, sin más preámbulos. Leyendo el primer capítulo de la Primera Parte, que lleva por título “Pensar en el torbellino”, observamos que el autor considera que tanto Nietzsche como Marx se supieron habitantes de una situación monstruosa, propiciada por las turbulentas contradicciones del mundo burgués. Ambos habrían manejado una similar “gramática” (p. 30). Y, como “críticos lúcidos del mundo moderno”, los dos pensadores habrían localizado en el despliegue trepidante y ambiguo de dicha modernidad no un “cierre”, sino la emergencia de un elemento cultural inédito defnido por un nuevo tipo de individualización. “Que la acusación de «flisteísmo» sea en ambos esgrimida como diagnóstico crítico de los ambientes académicos hegemónicos de su tiempo no es un dato menor” (p. 38). Es más, tanto Marx como Nietzsche se habrían desplazado –cada uno a su modo– desde los ingenuos espejismos que brillan rutilantes en la superfcie de la Historia hasta ese “oscuro taller” donde rebullen la sangre, el sudor y las lágrimas. El objetivo de semejante “prospección” sería el de hacer visibles las cadenas socioculturales que han terminado deviniendo espíritu, “la coacción necesaria sobre el cuerpo que ha terminado engendrando el fruto del consentimiento” (p. 31). Ahora bien, ese “descenso” a los talleres oscuros de la Historia, ¿se hace de veras con el mismo propósito, en un pensador y en otro? He ahí una cuestión crucial. A Nietzsche le horrorizaba la idea de que los esclavos tomasen conciencia de su situación, y lo dice sin medias tintas. Nada hay tan espantoso como una situación en la que los esclavos han aprendido a considerar su existencia como una injusticia y se disponen a tomar la venganza no sólo para sí, sino también para todas las generaciones. Germán Cano hace referencia a este pasaje nietzscheano (pp. 33-34), pero a nuestro modo de ver no extrae todas las consecuencias que debieran extraerse. Sí reconoce que, una vez retirado el velo mistifcador que cubre las vergüenzas de la sociedad burguesa (en realidad, el velo que recubre las vergüenzas de cualquier sociedad histórica), esto es, una vez que queda al descubierto el dolor sanguinolento que habita en la tenebrosa y hedionda sala de máquinas del orden social, una vez llegados a este punto, decíamos, Nietzsche y Marx se separan radicalmente. “Su Logos. Anales del Seminario de Metafísica ISSN: 1575-6866 https://dx.doi.org/10.5209/asem.74715 NOTAS