¿Qué hace un pintor? ¿Qué hace un fotógrafo? ¿Qué hace un artista? Juan Valdenebro, 2021 juanvaldenebro@gmail.com ¿Qué hace que consideremos a una persona un verdadero pintor o una verdadera pintora? Más que respuestas, la pregunta tiende a generar nuevas preguntas. ¿Es acaso importante o decisivo que para tal persona haya sido ése -artes y pintura- su campo formal de estudios y de titulación? ¿O, por el contrario, tras haber llegado a dominar la técnica de la pintura, carece ya de toda importancia cuáles fueron los modos de aprendizaje utilizados? ¿Llegaron a ser verdaderos pintores todos aquellos que intentaron serlo? Parece ser que no. En el mundo presente todo ser humano puede exponer formal e informalmente cualquier tipo de obra -y también cualquier tipo de no obra- en cada esquina de la ciudad, y somos en este desfile seres minúsculos e irrelevantes en medio de una sociedad dopada por internet y por sus quince segundos de fama: dopada porque nuestra sociedad se mantiene -al menos quienes creen que en internet está representado el mundo- sumergida en un estado alterado de percepción de la realidad. La sociedad no se ve a sí misma de un modo claro. Vemos que la red -fiera omnívora- permite absolutamente todas las propuestas, con una marcada adicción a la comida chatarra, tras cuya ingestión desmedida duerme pesadamente su siesta eterna de ceguera virtual: ¿podemos entonces creer que son realmente pintores todos aquellos que hagan presencia en internet? ¿Sería acertado decir que son verdaderos pintores sólo los más comerciales y reconocidos públicamente, o que lo son sólo los más premiados? ¿Qué respondería Van Gogh? Aunque de hecho -olfateando un sueldo- se infiltran tumultuosamente en todas las ciudades e instituciones, ¿pueden los no-pintores (los que no dibujan ni pintan bien) enseñar de modos óptimos la pintura? ¿Están realmente capacitados para ser un modelo técnico y para producir, al interior de las instituciones, verdaderos jóvenes pintores y verdaderos jóvenes artistas? No parece que sea muy probable. Cada quién tiene su opinión propia en cuanto a si podemos ser realmente pintores -en el mayor sentido de la palabra- cuando no llegamos a dominar la técnica jamás. ¿Cuál es entonces ese algo que hace de alguien sin lugar a dudas un pintor o una pintora, y que no es ni los estudios cursados, ni los títulos obtenidos, ni las exposiciones, ni las relaciones, ni la presencia en internet, ni los reconocimientos o premios, ni el éxito, ni la fama? ¿Qué hace de alguien un pintor? Llamémosle la capacidad para pintar. Es una técnica que toma muchos años de repetidos esfuerzos aprender. Si en Las Ramblas vemos a un dibujante japonés convertir tras breves minutos un trozo blanco de papel en un retrato notable -al carboncillo- de una casual paseante que aceptó posar, o si en Montmartre encontramos en la calle una pintora cubana que ofrece entre óleos aún frescos una elaborada serie de lienzos con varias versiones