Ciencia y Mar 2021, XXV (73): 93-106 93 Elogio del tlacuache José María Filgueiras Nodar * Instituto de Turismo, Universidad del Mar campus Huatulco. Ciudad Universitaria, La Crucecita, Huatulco 70989, Oaxaca, México. *Autor de correspondencia: metralatam@hotmail.com Ensayos Resumen Este artículo comienza narrando las expe- riencias autobiográfcas que llevaron al autor a construir una autoetnografía sobre los tlacuaches, presentando en primer lugar algunas de sus características más relevantes como especie y, en segundo lugar, un pano- rama de su destacada presencia en la mito- logía mesoamericana, tanto a nivel histórico como en los pueblos originarios de la actua- lidad. El texto fnaliza con unas refexiones en las cuales se plantea el papel que la mercadotecnia social puede jugar para mejorar la imagen del tla- cuache y así conseguir evitar situaciones negativas de maltrato y atropellos. Abstract This article begins by narrating the autobio- graphical experiences that led the author to construct an auto-ethnography about opos- sums, presenting primarily some of their most relevant characteristics as a species, and secondly, an overview of their outstanding presence in Mesoamerican mythology, both on a historical level and among the native peoples of today. The text ends with some refec- tions on the role that social marketing can play to improve the image of the opossum and thus avoid negative situations of abuse and collisions. Recibido: 26 de septiembre de 2019 Palabras clave: autoetnografía, zarigüeya, Didelphis virginiana, Didelphis marsupialis, mercadotecnia social, ética ambiental. Key words: autoethnography, opossum, Didelphis virginiana, Didelphis marsupialis, social marketing, environmental ethics. Aceptado: 20 de octubre de 2020 Introducción La primera vez que me encontré con un tlacuache vivo fue en Cuernavaca (Morelos), una noche del año 2000 o 2001. Lo había entrevisto desde la ventana y salí al jardín con mi cámara fotográfica. El tla- cuache estaba sobre la barda y se quedó quieto bastante tiempo, más que suficiente para que pudiera tomarle una fotografía y luego quedarme un rato viéndolo posar. Desconozco si los tlacuaches se "aluzan", es decir, se inmovilizan frente a una luz fuerte, como se dice de los venados, o fue casualidad. Me cayó bien desde el primer momento. Era un animal que no conocía, y los anima- les siempre tienden a caerme bien. Al día siguiente, pregunté a mi novia morelense acerca de aquel animalito que no cono- cía, explicándole cómo era. Me dijo que se llamaba tlacuache y que mucha gente lo consideraba peligroso, porque podía hacer daño a las personas con sus garras. También me habló de una tradición que