REFLEXIONES EN TORNO AL PROBLEMA DE LA TRANSICIÓN ESCUELA Y SOCIEDAD Stephen Kemmis* La retórica de la "educación de transición" es, a nuestro parecer, una forma de plantear determinados problemas fundamentales a los que se enfrentan las escuelas, pero además es un modo de imponer sutilmente una "solución" a esos problemas- pero una solución en la frontera entre la escuela y la sociedad, no dentro de las escuelas o dentro de la sociedad. La imagen de "transición" hace pensar que estamos tratando problemas actuales de la escuela y la sociedad en los límites de ambas, pero sin necesidad de profundizar en ninguna de ellas. La cuestión de qué deberían hacer las escuelas para preparar a los jóvenes para la vida adulta está y debería seguir estando a la vanguardia del debate educativo. La sociedad postindustrial ha alterado de forma drástica la situación económica de los jóvenes. Lo que en el pasado se garantizaba, a saber, que una mayor cantidad de tiempo escolarizados aseguraría a los estudiantes un mejor trabajo a su salida, es puesto actualmente en tela de juicio por muchos de ellos. Muchos jóvenes han comenzado a cuestionar la utilidad de la escuela como medio de preparación para poder realizarse en una sociedad compleja; y las escuelas y los profesores se encuentran en la situación poco envidiable de tener que presentar propuestas curriculares que sean capaces de responder al continuo aumento de demandas por parte de aquellos grupos que ven en la escuela la respuesta a los males sociales y económicos de nuestra sociedad. Es nuestra intención en este artículo despejar el terreno conceptual para el debate sobre cómo se deben transformar los curricula de las escuelas para enfrentarse al problema de la transición. Puesto que los debates actuales están cargados de posturas retóricas, lo primero que debemos hacer es examinar la retórica de la "transición". Una vez que se haya trazado el campo conceptual, podrán las escuelas comenzar a elaborar sus curricula para la transición. Una estrategia común muy utilizada por los legisladores para promover el cambio educativo es la formulación de una nueva jerga: un grupo nuevo de palabras que de modo telegráfico encierran las razones del cambio deseado, promueven nuevos principios educativos e incitan a las escuelas a que actúen y sean capaces de traducirlos nuevos principios a nuevas prácticas escolares. La nueva retórica puede usarse para establecer un marco donde las escuelas reflexionen sobre las orientaciones actuales y donde se indiquen nuevas estructuras y áreas organizativas y de responsabilidad para los profesores. Además puede señalar la necesidad de incluir nuevas asignaturas en el curriculum e incluso puede usarse como fuente de principios para nuevos acuerdos en las escuelas. Durante los años 80 el ascenso y caída de nuevas retóricas educativas se ha convertido en algo tan familiar como el ascenso y la caída de las jergas juveniles. "Estudios generales", "educación intercultural", "relaciones humanas", "educación profesional" y "experiencia laboral" son ejemplos de etiquetas para iniciativas educativas complejas. Muchas de ellas se quedan anticuadas casi tan pronto como son aceptadas. Una suerte de imperialismo lingüístico nos impide consolidar nuestras ventajas conceptuales. Si somos honestos, asumiremos que el éxito o el fracaso de las iniciativas educativas es una tarea altamente compleja y que a muchos de nosotros nos parece difícil. Resulta más difícil aún cuando no llevamos los nuevos conceptos al centro de nuestros debates y, lo más importante, a nuestras prácticas escolares. * Universidad de Deakin (Victoria) Australia. Email: s.kemmis@sx.com.au Es una tarea inútil hablar de los efectos de un cambio cuando ni siquiera hemos establecido acuerdos sobre los principios y la práctica de la tarea. Los imperativos para la acción inmediata presupuestos por la retórica educativa pueden, al acelerarla, perjudicar un cambio genuinamente constructivo en educación. Lanzar retos a las escuelas bajo las etiquetas persuasivas de relaciones humanas y educación profesional, por ejemplo, predetermina los procesos de cambio que deberían ser parte del trabajo de una comunidad escolar observadora