1 Entre la agresión y la armonía: “ecopoesía” en José Emilio Pacheco y Arnaldo Calveyra En: Actas Ecolenguas II: 2° Jornadas internacionales sobre Medio ambiente y Lenguajes: sociales, científicos y artísticos. Facultad de Lenguas. UNC. (ISBN 978-987-1308-86-6). María Cristina Dalmagro Universidad Nacional de Córdoba Una de las perspectivas teóricas que acerca a la literatura (en este caso a la poesía), con otras disciplinas, es la que coloca el foco de atención en las relaciones entre la naturaleza y la literatura. Ecología y literatura son disciplinas que se encuentran y entrecruzan cuando se trata de postular nuevos modos de leer dichas relaciones. La ecocrítica (y particularmente la ecopoesía) propone un marco epistemológico para hacerse cargo de esta interrelación y para analizar, ejemplificar, proponer categorías y desanudar tensiones y conflictos en algunos textos de la cultura y la literatura. En este trabajo propongo revisar una selección de poemas de José Emilio Pacheco (México) y de Arnaldo Calveyra (Argentina-París) y examinarlos desde esta orientación teórica. El mundo de la infancia, en armónica relación con la naturaleza, la nostalgia de la comunión profunda del hombre con su medio ambiente, las huellas de las crisis ecológicas, las agresiones padecidas por el impacto de la modernidad son marcas que nos permiten indagar en posiciones poéticas particulares en torno a la conexión del poeta con el mundo natural. El ritmo, la lengua, todo lo que se nombra se contagia de dicha relación, que se entrelaza también con la escritura de la vida. Una fusión de autobiografía y poesía conectada con el medioambiente constituyen la base de nuestra indagación. “Escribe el libro con lo que ves. No te olvides que el ejercicio de meditación ha de estar sostenido por la mirada. Mira, sigue mirando en derredor tuyo.” Arnaldo Calveyra, Maizal del gregoriano (372). Me interesa abrir estas reflexiones con unas palabras de M. Benedetti cuando, en un texto donde analiza la obra del mejicano José Emilio Pacheco, sostiene: “Si el poeta no puede ayudarnos a comprender, al menos nos ayuda a indagar por qué no comprendemos.” (1993). Tomamos esto como premisa: los poetas nos ayudan a indagar, a cuestionar, a pensar. Tomando la naturaleza como texto, le dan voz, la escriben, la reinvindican, la protegen y, en muchos casos, aunque modestamente, contribuyen a la toma de conciencia sobre su destrucción. Propongo, entonces, reflexionar acerca del valor de la palabra poética cuando esta se hace cargo de la relación entre el hombre y la naturaleza y analizarla en dos de sus tantas variantes: una de ellas, la que da cuenta de la nostalgia de una armonía en la cual el hombre comulga con el medioambiente en una vinculación que incide en sus más íntimas relaciones afectivas y vitales, de fuerte impronta autobiográfica; y la otra, la poesía que reacciona ante la agresión, que es vehículo de protesta, que manifiesta una toma de posición ética y política en franca denuncia de