ISSN: 1133-9527 Cuadernos de Filología Italiana 2000, n.’ extraordinario: 99-114 El Cielo y el infierno Amparo ALBA CECILIA Universidad complutense de Madrid En recuerdo de tantos cafés compartidos en “El C” De la meditación, brota en mi mente desprecio al Paraíso, no al infierno; ahí mana miel virgen, no hay invierno, sino néctar, amor: gacela ardiente. ¿Cómo habitar el cielo sin la fuente do mana la simiente del amor! ¡mi alma encastillada en el dolor entre viejas de pez, bocas sin diente? ¿Qué le olreces, tú, cielo, a mi pupila? Sólo seres deformes, sin medida, de los que fueron malos, los despojos. Infierno, tu propuesta me encandila, tus muchachas que visten flor de vida han colmado las niñas de mis ojos. El autor de este poema’, un judío de Roma llamado Immanuel ben Solo- mon (ca. 1261-ca. 1332) fue el primero en introducir el soneto en la litera- tura hebrea; parece, incluso, muy probable que fuera uno de los primeros en O. Yarden, Mahberot linnianuel ha-Ron¡4 Jerusalén 1957, vol. n, p. 276. La tra- ducción es msa. 99