Hispania 104.3 (2021): pp. 433–45 AATSP Copyright © 2021 De naufragios y hechiceras: La Jornada de Argel y la miticación de un desastre militar Natalio Ohanna Western Michigan University Resumen: Años después de la malograda campaña de Carlos V sobre Argel (1541), ese desastre mayúsculo de la historia militar de España cobra rasgos folclóricos. La derrota se atribuye a la intervención de una hechicera argelina, quien habría invocado a los demonios para provocar el naufragio de la armada imperial. Referencias a esta gura emergen paulatinamente en obras cronísticas y piezas dramáticas de nales del siglo XVI y principios del XVII. Con especial atención a la historiografía del período y a La mayor desgracia de Carlos Quinto (1623), drama de Luis Vélez de Guevara, este artículo analiza cómo el hecho histórico se transforma en leyenda popular, rastreando la evolución del mito y sus variaciones, examinando el modo en que obras cronísticas y literarias dialogan en la producción de signicados múltiples, y proponiendo, a la luz del corpus, una lectura del fenómeno con atención a la realidad política y social que le da sentido. Palabras clave: Algiers Expedition/Jornada de Argel, Early Modern image of Islam/imagen del islam en la temprana modernidad, frontier literature/literatura fronteriza, Luis Vélez de Guevara, Mediterranean studies/estudios del Mediterráneo, military history and Golden Age drama/historia militar y teatro del Siglo de Oro, relations between Spain and North Africa/relaciones entre España y norte de África, sorcery/ hechicería, witchcra/brujería —Hay que mover al hombre, actuando calculadamente sobre los resortes extrarracionales de sus fuerzas activas. José Antonio Maravall, La cultura del Barroco E n octubre de 1541, Carlos V emprendió lo que se conoce como la Jornada de Argel. Al mando de una ota de sesenta y cuatro galeras y otras trescientas naves de guerra y transporte, equipadas con artillería de asedio y embarcando a casi cuarenta mil soldados españoles, alemanes e italianos, su objetivo era arrebatar el enclave que servía de base de opera- ciones a Jeireddín Barbarroja, famoso corsario y almirante (beylerbey) de Solimán el Magníco. El papa Paulo III había intentado disuadir al emperador, requiriendo que priorizara la defensa de Europa cuando los turcos acababan de capturar la ciudad de Buda. Con el conocimiento de que el otoño amenazaba las condiciones para navegar y traía la temporada de borrascas al Mediterráneo, Andrea Doria y otros líderes militares también procuraron sin éxito aplazar la expedición. Y en efecto, esa campaña acabaría en un completo desastre. Tras el desembarco del domingo 23 de octubre y en los primeros días del asedio, un temporal azotó la ota española y muchas naves zozobraron colisionando entre sí o contra las rocas de la costa norteafricana. El resto de la armada fue pronto vencido. Miles de soldados perecieron en la contienda o murieron antes de pisar siquiera el campo de batalla. Los barcos que aún otaban se dispersaron tras una engorrosa retirada, dirigiéndose unos a Orán, otros a España e Italia. El emperador debió recalar en Bugía y resguardarse allí hasta que amainara el vendaval. De ahí pasó a Mallorca y por n desembarcó en Cartagena en diciembre, con un ejército sin caballos, depauperado y hambriento. 1 Hacia el nal de ese siglo, la historia de semejante fracaso militar había adquirido carac- terísticas folclóricas. La derrota se atribuía a la intervención de una hechicera de Argel, quien