LAS NEGOCIACIONES DE PAZ Y LA PARTICIPACIÓN DE LAS GUERRILLAS COLOMBIANAS EN EL NARCOTRÁFICO María Eugenia Mujica* y Francisco Thoumi** I. I NTRODUCCIÓN Desde que el embajador estadounidense Lewis Tams afirmó, en 1984, que existía una conspiración "narco-guerrillera" (Gugliotta y Leen, 1990; Thoumi, 1994, cap. 4), la relación entre la subversión y el narcotráfico ha sido objeto de debate político, y un elemento más en la compleja amalgama de las negociaciones de paz. El objetivo de este ensayo es explicar la naturaleza y evolución de los vínculos de estos actores ilegítimos, de manera tal que se arrojen algunas luces que enriquezcan la agenda y el proceso de las negociaciones de paz. La relación entre el narcotráfico y los grupos guerrilleros armados es sumamente complicada debido a que incluye una multiplicidad de actores que interactúan simultáneamente de maneras diversas; tiene una naturaleza cambiante, y muchas veces el intento de precisarla se desvirtúa por las acciones de los grupos guerrilleros para mantenerla en secreto. Estas razones llevan a que sea muy difícil poder incorporar dicho vínculo, como elemento claramente identificado, en la agenda de negociación. La relación comúnmente esperada corresponde a movimientos de lucha armada que persiguen sus fines políticos financiándose ampliamente con el dinero de la droga y que cuentan a veces con el apoyo de campesinos productores de coca (Gros, 1992:6). También se puede dar otro tipo de interacciones. Reyes (1995c) menciona dos: en el primer tipo, que corresponde al panorama del Caquetá, Guaviare y Meta, las guerrillas ejercen su influencia sobre los campesinos cocaleros y los narcotraficantes, quienes pagan un impuesto a cambio de que los grupos armados mantengan el orden. En el segundo, los narcotraficantes adquieren grandes áreas de tierra dominadas por grupos armados que están bajo su control. Por otro lado, hay regiones en las que la guerrilla organiza a los campesinos para que obtengan mayores precios frente a los compradores privados, mientras que en otras compite con los carteles, llegando a enfrentarse, a veces violentamente, con ellos. En general, las relaciones entre la guerrilla y el narcotráfico tienden a ser con-flictivas en las zonas rurales donde no hay narcoa-groindustria, pero en las que los narcotraficantes han invertido sus capitales. Son menos conflictivas en las áreas de producción de drogas ilegales donde éstas se venden a los carteles exportadores. No sólo la relación narcoindustria guerrilla es compleja y múltiple, sino que ello mismo ocurre al interior de los movimientos guerrilleros. Para empezar, existen varias organizaciones guerrilleras, con diversos grados de cohesión, metas y actitudes hacia las drogas. Esto hace que la capacidad de las cúpulas de las organizaciones guerrilleras para lograr que sus diversos frentes cumplan sus órdenes a cabalidad varíe sustancialmente. Además, el papel de las drogas entre y dentro de las organizaciones guerrilleras también varía: por ejemplo, los grupos guerrilleros, en particular las FARC, desarrollan actividades de regulación de la producción y establecen contribuciones forzosas a los participantes en el mercado ilegal. El ELN no tiene un comportamiento unificado en torno al asunto: en algunas regiones se beneficia del comercio y de los cultivos, mientras que en otras promueve su erradicación y el control de las actividades de los productores (Barragán y Vargas, 1995: 48). * Investigadora, Centro de Estudios Internacionales, Universidad de los Andes. ** Fellow, Woodrow Wilson Center for International Schools, Washington, DC.