Mapas Sociales Urbanos CD Aplicaciones (coord. Mariana Marcos y Gustavo D. Buzai), pp. 17-24 Aplicación 2 Tandil (Provincia de Buenos Aires): Segregación espacial a través de los niveles educativos del jefe de hogar SANTIAGO LINARES Y GUILLERMO A. VELÁZQUEZ 1. Introducción La segregación socioespacial, también denominada segregación social del espacio urbano, segregación residencial o simplemente segregación urbana, es un concepto que hace referencia a la existencia de diferencias o desigualdades sociales dentro de un colectivo urbano y al agrupamiento de los sujetos según atributos específicos (socioeconómicos, culturales, raciales, etc.) en conglomerados urbanos con tendencia a la homogeneización en su interior y a la reducción de las interacciones con el resto de los grupos. Estos conglomerados tienen cierto grado de distinción jerárquica y valorativa y poseen una fuerte y sostenida expresión espacial, que contribuye a reproducir y profundizar este proceso. En los antecedentes, y a pesar de las diferencias teóricas y metodológicas intrínsecas a las distintas escuelas de pensamiento científico, la segregación es considerada en la actualidad como una de las dimensiones espaciales, y por ende más tangible y empírica, de los procesos sociales, económicos y políticos, que condicionan y estructuran el espacio urbano. Genéricamente la segregación socioespacial representa una situación y no necesariamente un problema, esto depende de la visión teórica que se adopte para explicar las relaciones sociales y los efectos concretos que ésta produce en la sociedad. Por ejemplo, si utilizamos la visión clásica de Durkheim (1967) sobre la solidaridad, la diferenciación de áreas residenciales no significa un inconveniente, pudiendo ser una forma de integración social, en la medida en que la separación espacial de los grupos sociales esté asociada a la existencia de vínculos que definan los individuos de una sociedad. Sabatini (2003) destaca que la formación de enclaves étnicos puede ser positiva tanto para la preservación de las culturas de grupos minoritarios como para el enriquecimiento de las ciudades, que se tornan más cosmopolitas. Cierta homogeneidad social también puede lograr mayor niveles de confianza y promover estilos de vida más comunitarios en contraposición al modelo individualista imperante (Durston, 2000). Los efectos negativos aparecen cuando la segregación socioespacial provoca una disminución de la interacción entre los grupos sociales. El aislamiento espacial y distanciamiento entre las clases promueven la desintegración social, lo cuál es considerado perjudicial, especialmente para los grupos pobres y marginados quienes poseen menos chances de movilidad social ascendente. Algunos problemas característicos que surgen como producto de la aglomeración de familias pobres en áreas residenciales segregadas son el bajo rendimiento escolar, el desempleo, el embarazo adolescente y la inacción juvenil, que según Sabatini (2003:20) es la base que propicia la drogadicción y delincuencia. Algunos autores sostienen inclusive que es la segregación, y no la pobreza, la que crea condiciones estructurales para la emergencia de una contracultura, en donde la educación, el trabajo y la familia no son ya los valores centrales sobre los que se asienta una sociedad (Massey y Denton, 1993). 17