Bases cognitivas de los fenómenos fonológicos en la poesía 1 Luis Martínez-Falero Universidad Complutense de Madrid En el punto donde comienza la respiración, donde el alef oblicuo entra como intacto relámpago en la sangre: Adán, Adán: oh Jerusalem (Valente, 2001: 53). Si partimos de la premisa de que el aliento es el principio de la palabra, de un mundo textual, sí, pero como reflejo de un mundo propio o del mundo que nos rodea, nos encontramos entonces ante un principio creador, como aparece formu- lado en el poema en prosa de José Ángel Valente «Alef», poema inicial de Tres lecciones de tinieblas (1980). Es en ese pneuma donde los preceptistas griegos señalaron la duración del verso o la del periodo oratorio: lo que se puede decir en una alentada. Desde esta perspectiva, nuestras palabras son solo aire modulado en los órganos de fonación, un aliento cargado de sentidos, de sentimientos, del de- seo de representar una realidad interior, para nombrar nuestro mundo, para nom- brarnos en nuestras palabras o en las de los otros. Así, la palabra poética se llena de sentido o de sentidos, forma un entra- mado de sonidos para forjar un lenguaje que sea la manifestación de la memoria, que es su esencia, pues la memoria teje la identidad a través de las palabras. Y ello se produce por un primer impulso, por una sucesión de sonidos, apenas percepti- bles de manera consciente, a través de ese soplo, de ese aliento que ya nos predis- pone a la escucha o a la lectura atenta, a dejarnos arrastrar por sus patrones rítmi- cos, por la sucesión de sonidos que forman palabras que se deslizan hacia el senti- do y nos arrastran en esa búsqueda hasta llegar a la comprensión, a la autocom- prensión. 1 Capítulo publicado en: GAMONEDA, Amelia y Candela SALGADO IVANICH (ed.) (2021), Paisajes cognitivos de la poesía, Salamanca, Delirio, pp. 65-86..