Orbis Tertius, 2007, XII (13) 1 Alejandro Parada, Cuando los lectores nos susurran: Libros, lecturas, bibliotecas, sociedad y prácticas editoriales en la Argentina Buenos Aires, Instituto de Investigaciones Bibliotecológicas, Facultad de Filosofía y Letras, Universidad de Buenos Aires, 2007, 232 páginas. El libro de Alejandro Parada es una compilación de seis ensayos publicados en distintos momentos y en diversas fuentes. Cada ensayo tiene su propio énfasis temático, pero todos ellos están elaborados desde una misma perspectiva: la historia de la lectura. Los trabajos reunidos, que recogen los últimos aportes de la bibliografía crítica (Roger Chartier, Robert Darnton, Armando Petrucci, Carlo Ginzburg, D. F. McKenzei), presentan una amplia y rica gama de documentos primarios que restituyen y muestran los complejos caminos recorridos por el libro, las bibliotecas y los lectores en diversas etapas de la historia argentina. Los primeros tres ensayos focalizan su atención en las transformaciones producidas en las prácticas de lectura y en los ámbitos de distribución del libro durante el angustiante período que va desde las postrimerías del Virreinato del Río de La Plata hasta la tercera década del siglo XIX. En el primero de ellos, “Tipología de las bibliotecas argentinas desde el período hispánico hasta 1830”, el autor propone, desde un enfoque bibliotecológico, describir y clasificar el heterogéneo mundo de las bibliotecas. La investigación pone en escena la diversidad de instituciones y de actores sociales involucrados en el control, la posesión, la conservación y la circulación del libro en las bibliotecas. El cuadro histórico muestra cómo era el orden de los libros y las posibilidades de acceso de los lectores. El segundo ensayo, “Libros y lectores durante los primeros años de la Revolución de Mayo (1810-1820)”, señala la forma en que se desenvuelven las preferencias de los lectores en medio de la tensión cultural sostenida entre el pasado colonial y el nuevo período independiente. Para tal fin, Parada recupera y sintetiza la valiosa información consignada en tres fuentes. Por una parte, los avisos de venta de libros y otros impresos publicados en la prensa. Por otra, el registro de las obras donadas (y la identidad de los donantes) a la flamante Biblioteca Pública de Buenos Aires. Finalmente, los títulos de las publicaciones producidas en las imprentas de Buenos Aires. La descripción y el análisis de estas tres fuentes, que se complementan y matizan con el estudio de las escrituras fúnebres, la circulación de los papeles sueltos y la venta de los almanaques, entre otros aspectos, marcan la compleja presencia del libro y de los lectores en un mundo que se disputa “entre la tradición y el cambio”. Finalmente, en “Lugares y horizontes del libro y de la lectura en el Buenos Aires de 1820 a 1829”, se desarrolla un problema teórico y metodológico propio de la historia de la lectura: la conciliación entre las lecturas que pueden ser inferidas (“lecturas pasivas”) y la efectiva detección de las huellas de los lectores (“lecturas activas”). El estudio demuestra la necesidad de pensar estas dos instancias bajo una perspectiva articuladora. Con tal objeto, se recrea el ámbito del libro mediante el análisis de su circuito comercial: se destaca el lugar de las importaciones ultramarinas, se describe la diversidad de los puntos de venta, se narra el itinerario que recorre el libro hasta llegar a su lector y, por último, se expone la lista de los autores más citados en los catálogos y en los avisos de la Gaceta Mercantil. Este panorama de lecturas potenciales concluye con el examen de las prácticas de lectura. La restitución de los modos de apropiación de los textos se presenta a través de las diferentes manifestaciones públicas y privadas que los lectores dejaron tras su paso. Los tres escritos finales se sitúan en el siglo XX; los dos primeros tratan sobre la vasta diseminación de la cultura escrita durante el Centenario y la presidencia de Alvear. El tercer trabajo informa sobre la pluralidad de ediciones que se hicieron de un clásico de las letras occidentales —el Quijote— en la Argentina y reflexiona acerca de la relación entre el texto y su forma. “Cultura impresa y vida cotidiana en el Buenos Aires del centenario (1910)” se sitúa en una época en que los lectores, los textos y las prácticas de lectura se han expandido por todo el entramado social. Caras y Caretas, PBT y La Prensa son, por la riqueza de su contenido y la profusa difusión que alcanzaron, los documentos a los que recurre el autor para recuperar los testimonios (imágenes y textos) que contribuyan a comprender el intrincado y difuso mundo de la cultura impresa durante el festivo año de 1910. Los elementos que se despliegan en este trabajo son múltiples; desde el examen de la lectura de los catálogos de productos y la circulación de los textos, hasta el estudio de las significaciones asignadas a las bibliotecas. La investigación muestra que la potente y heterogénea presencia de los materiales impresos se corresponde con una igual diversidad de las prácticas de lectura. Este fenómeno se corrobora agudamente con el análisis de un artículo publicado en PBT, “Lectura a ratos perdidos”, en el que se destacan 14 fotografías con escenas de la lectura en la vida cotidiana. Por otro lado, “Imágenes de la lectura y de las representaciones escritas e impresas en Caras y Caretas durante la presidencia de Macelo T. de Alvear (1922-1928)”, es una continuación del estudio