© Obras Clásicas del Pensamiento Político © Grupo PRAXIS ISBN: 958-96134-8-9 Departamento de Filosofía Universidad del Valle Impreso en la Unidad Gráfica de la Facultad de Humanidades Universidad del Valle Marzo de 2002 Santiago de Cali, Colombia. 1 ESTADO, RELIGIÓN Y EMANCIPACIÓN EN LA CUESTIÓN JUDÍA DE MARX Delfín Ignacio Grueso 1. Juventud precoz, vida azarosa Aún no había completado 25 años cuando escribió La Cuestión Judía. La escribió para corregir a un hombre mayor que él, Bruno Bauer, el inspirador del 'Club de los doctores', un hombre que generosamente pensaba que en él, en el joven, estaban "Rousseau, Voltaire, Holbach, Lessing, Hegel y Heine, fundidos en una sola persona" 1 . Es lícito preguntarse por las razones que motivaron ese juicio de Bauer y un texto de la época, La Cuestión Judía, tendría que mostramos esas razones. Hay, por supuesto, textos de madurez que evidencian la posterior agudeza, originalidad y radicalidad en sus análisis, todo unido en un estilo que afectó buena parte del entendimiento futuro de las cosas políticas, sociales y económicas e inspiró movimientos y revoluciones. Pero eso sería después. Cuando Bauer preveía todo eso, éste no era más que el muchacho, un muchacho muy osado frente a intelectuales que le llevaban años de formación. Fue crítico de muchos de ellos y, a veces, un crítico desmesurado. Esa precocidad fue también evidente en la lucha social, al punto que sería llamado "Papá Marx" por obreros mayores de cincuenta años, cuando él no era más que un joven de 30 2 . Pero no hay que engañarse con la idea de una feliz precocidad y una intrepidez que se desarrolla siempre en línea recta y sin tropiezos. Tropiezos hubo y muchos. También situaciones paradójicas. Aunque no gustaba mucho de los profesores de filosofía alemanes 3 , quiso convertirse en uno de ellos. Cuando Bruno Bauer, su esperanza para conseguir ese trabajo, fue expulsado de la universidad por ateo, el joven optó por emprender proyectos editoriales, proyectos que casi siempre fracasarían por penurias económicas o por persecuciones políticas. A veces por la combinación de ambas. Como escritor para revistas y periódicos tampoco le iría mejor. A veces no podía cumplir con los plazos que se ponía y a veces decidía no cumplir con ellos. A veces, cuando escribía copiosamente, los proyectos editoriales para los que escribía caían en bancarrota y eran cerrados. Cuando le publicaban sus textos, sus amigos no siempre le cumplían con las regalías u honorarios. Esto a veces no le importaba mucho. Pero había momentos dramáticos en su vida privada, momentos en los que el producto económico de la escritura no debería pasar a segundo plano. "Le ruego que nos envíe lo más pronto posible el dinero que se haya recibido o se reciba de la Reoue. Lo necesitamos mucho, muchísimo", escribirá desde Londres en 1850 Jenny Marx a Joseph Weydemeyer. Y son conmovedoras las razones dadas por la esposa de Marx. "Usted sabe que nosotros no nos quedamos con nada. Yo fui a Frankfurt a empeñar mi plata -la última que nos quedaba- y vendí mis muebles de Colonia porque corría el peligro de que mi ropa de cama y todo lo demás fuera embargado". Las penurias económicas en este caso no se refieren sólo a los proyectos editoriales sino también a las persecuciones policiales. Huyendo de Alemania, apenas se habían instalado en París cuando el esposo fue expulsado de nuevo, por lo que tuvieron que atravesar el mar, viajar a Londres, donde nació su cuarto hijo, un hijo al cual Jenny se refiere en los siguientes términos: "Como las nodrizas son demasiado caras, decidí alimentar yo misma a mi hijo, a pesar de que sufría de terribles dolores en el pecho y la espalda. Pero el pobre angelito bebía tanta preocupación y acallada ansiedad que se alimentaba mal y sufría terriblemente de día y de noche. (…) En medio de su dolor, mamaba tan desesperadamente 1 Ver Manuscritos, Altaya, Barcelona, 1993, p. 230 2 Paul Lafargue, "Recuerdos de Marx", en Marx y su Concepto del Hombre, Erich Fromm, Fondo de Cultura Económica, Breviarios, México, Bogotá, 198, p. 245 3 En La Ideología alemana se refiere a ellos como "industriales de la filosofía" que viven de la "explotación del espíritu absoluto", "tenderos filosóficos" e invita a ver todo ese espectáculo desde fuera de Alemania. Ver más en "Feuerbach. Oposición entre las concepciones materialista e idealista" en C. Marx, F. Engels, Obras Escogidas, editorial Progreso, Moscú, 1976, pp. 11-81.