GUÍA CIENTÍFICA DE URDAIBAI González Oreja JA, Garbisu C, Mendarte M, Ibarra A & Albizu I. 2011. Agroecosistemas y biodiversidad en la Reserva de la Biosfera de Urdaibai: diversidad florística de los prados. Pp. 189-203, en Guía Científica de Urdaibai. M Onaindia, A Ibabe & J Unzueta (Eds.). Universidad del País Vasco, Cátedra UNESCO, Gobierno Vasco & Urdaibai Reserva de la Biosfera. CD-ROM. ISBN 978-84-693-2945-0. AGROECOSISTEMAS Y BIODIVERSIDAD EN LA RESERVA DE LA BIOSFERA DE URDAIBAI: DIVERSIDAD FLORÍSTICA DE LOS PRADOS J. A. GONZÁLEZ OREJA*, C. GARBISU, S. MENDARTE, A. IBARRA e I. ALBIZU** Departamento de Ecosistemas. NEIKER-Tecnalia, Instituto Vasco de Investigación y Desarrollo Agrario. Parque Tecnológico Bizkaia, 812 L. 48160-Derio. e-mail: (*) jgonzalez@neiker.net , jgonzorj@hotmail.com / (**) ialbizu@neiker.net . INTRODUCCIÓN Los agroecosistemas son ecosistemas terrestres, creados y mantenidos por las sociedades humanas, en los que se ha transformado la Naturaleza para obtener alimentos y otros recursos. Comprenden sistemas agropecuarios, agroforestales o agrosilvopastorales, así como praderas, pastizales y tierras en barbecho, que dan forma a paisajes en mosaico donde se mezclan campos de cultivo con áreas naturales y seminaturales, así como con asentamientos humanos. Hay agroecosistemas en casi todo el mundo, estando siempre fuertemente relacionados con las actividades humanas y la diversidad sociocultural (FAO, 2008). Los paisajes agrarios más antiguos son el resultado de la integración creativa de los grupos humanos en diversos ecosistemas, quienes han modificado su estructura y funcionamiento con el fin de asegurarse el suministro de recursos mediante una adaptación cada vez mejor al medio ambiente local (Gómez Sal, 2007). De hecho, la antigüedad de las actividades agrícolas, y el ritmo pausado de la mayor parte de estas intervenciones a lo largo de la Historia, han permitido un notable acoplamiento entre las prácticas agrícolas y los agroecosistemas (Sans, 2007). Por ello, los agroecosistemas se comportan como un importante reservorio de biodiversidad en áreas con fuerte presencia humana (Clergue et al., 2005). Sin embargo, la expansión e intensificación de la agricultura a lo largo del siglo XX han provocado un [▲p.189] alto coste ambiental, afectando a los ecosistemas naturales, así como a los servicios que ofrecen. No es extraño que estos impactos hayan provocado pérdidas de biodiversidad y aumentos en el riesgo de extinción. Tanto es así que, incluso en la Unión Europea, que cuenta con una larga historia de usos agrícolas, se reconoce a la agricultura como uno de los principales agentes de cambio de la biodiversidad; lo que es peor, se espera que la magnitud de estos cambios aumente a lo largo del siglo XXI (Norris, 2008). Ante esta situación, se reconoce actualmente que la agricultura debe jugar un papel cada vez más importante en la sostenibilidad de los agroecosistemas y la conservación de la biodiversidad, labores difíciles que aún necesitan de mucho más conocimiento científico.