REVISTA DE ESTUDIOS E INVESTIGACIÓN EN PSICOLOGÍA Y EDUCACIÓN eISSN: 2386-7418, 2017, Vol. Extr., No. 02 DOI: https://doi.org/10.17979/reipe.2017.0.02.2748 Correspondencia: Francisca Fariña, francisca@uvigo.es Selección y peer-review bajo responsabilidad del Comité Organizador del XIV Congreso Internacional Galego-Portugués de Psicopedagogía Acoso escolar en primaria tras la formación en técnicas de mediación: UPF4 School bullying after training in mediation techniques: UPF4 Katia Rolán*, Macarena Martínez-Valladares *, Vanesa Parada**, Andrea Abilleira*, Francisca Fariña* * Universidad de Vigo, ** Universidad de Santiago de Compostela Resumen El acoso escolar constituye un motivo de creciente preocupación en el ámbito educativo y social. La mediación entre iguales se presenta como una herramienta para abordar los problemas de convivencia y violencia, a través del diálogo y el uso del lenguaje amigable. Este estudio analiza si en alumnos de 5º de Educación Primaria la formación en técnicas de mediación incide en la percepción de haber sufrido acoso escolar. Los participantes fueron 30 alumnos, de dos aulas diferentes. La formación se realizó aplicando la Unidad didáctica Reformulando. Para medir la percepción de acoso se utilizó la Escala UPF-4 de Acoso Escolar. Palabras clave: acoso escolar, mediación, reformulación. Abstract Bullying is a cause of growing concern in the educational and social areas. Peer mediation is presented as a tool to address problems of coexistence and violence, through dialogue and use of friendly language. This study analyzes if training in mediation techniques, in students of 5 th level of Primary Education, affects the perception of having suffered bullying. The participants were 30 students from two different classrooms. The training was carried out applying the Didactic Unit Reformulando. To measuare the perception of bullying, it was used the UPF- 4 Scale of School Bullying. Keywords: bullying, mediation, reformulation Introducción El acoso escolar se puede definir como una forma de agresión repetida e intencional, que realizan una o varias personas sobre otra que no tiene posibilidad de defenderse (Olweus, 1993; Smith y Brain, 2000). La literatura científica ha evidenciado la gravedad de sus consecuencias, tanto para las víctimas (p.ej., Arseneault, Bowes, y Shakoor, 2010; Reijntjes, Kamphuis, Prinzie, y Telch, 2010; Troop-Gordon, Rudolph, Sugimura, y Little, 2015) como para los victimarios (p.ej. Ttofi, Farrington, Lösel, y Loeber, 2011; Ttofi, Farrington, y Lösel, 2012). En el estado español, este fenómeno presenta unas tasas de prevalencia elevada (Novo, Seijo, Vilariño, y Vázquez, 2013; Velasco, Seijo, y Vilariño, 2013). Si bien, estas varían de unos estudios a otros; desde el 5% (Novo, Seijo, Vilariño y Vázquez, 2013) al 18% (Ortega y Mora-Merchán, 1999), o incluso más del 20% (Analitis, Velderman, Ravens-Sieberer, et al., 2009). Esto podría deberse a que en las relaciones que se establecen entre niños, niñas o adolescentes, existen situaciones de mala convivencia que son susceptibles de confundirse con el acoso escolar, sin serlo. Olweus (1993) señaló los criterios para el diagnóstico del acoso escolar, en concreto: a) que se lleve a cabo una conducta o estrategia agresiva (física, verbal o relacional) b) con la intención de causar daño a otro, c) que exista un desequilibrio de poder entre la víctima y el/a agresor/a, y d) que se trate de acciones repetidas y prolongadas en el tiempo, es decir, crónicas. En el ámbito educativo el incremento de conductas violentas, y los problemas de convivencia y acoso escolar se han convertido en algo cotidiano (Caballero, 2010). El bienestar de todas las personas implicadas se ve amenazado, en mayor medida en quienes son receptores de la violencia. De manera específica, el efecto del acoso escolar en las víctimas es de enorme impacto, pudiendo repercutir en cualquier ámbito de su vida. Como señalan (Arellano, 2008, y Davis, 2008) se relaciona con la depresión infantil y adulta, suicidio, agresión y bajo rendimiento académico, y el aislamiento social. Pero también aquellas que ejercen la violencia o los observadores de la misma se ven afectados negativamente, dadas las consecuencias negativas que produce, tanto en estudiantes como en profesores. Esta proliferación de violencia, al igual que sus consecuencias, constituye un motivo de preocupación creciente para toda la ciudadanía (Caballero, 2010) y en especial para las familias y el personal de los centros. No pudiendo ser de otra manera, considerando los efectos negativos que producen, tanto en estudiantes como en el profesorado (Moreno, 2017). A la par, la convivencia escolar se ha convertido en un valor importante para los docentes. Todo ello se ha visto reflejado en la legislación educativa española (Díaz, 2016), así como en otras normas legales. En concreto, la Ley 26/2015, de 28 de julio, de modificación del sistema de protección a la infancia y a la adolescencia, recoja una serie de deberes para los menores de edad. Entre ellos se encuentra el deber de respetar al profesorado y otro personal de los centros educativos, al igual que al resto de compañeros y compañeras, “evitando situaciones de conflicto y acoso escolar en cualquiera de sus formas, incluyendo el ciberacoso” (art. 9 quáter). Igualmente, leyes de educación (Ley