Poiésis --- Edición 012 DICIEMBRE 2006 - file:///C|/...l.AMIGOMED2/Documents/FUNLAM/Artículos%20para%20Poiésis/Poiésis%202000-2008/Edicion012/poiesis12.mira.html[16/07/2012 03:35:37 p.m.] Diana Maria Carmona y Oscar Alonso Mira Psicólogos Universidad de Antioquia Desnudo Pintura. Óleo sobre Lienzo. Sofía Reina NÚMERO 12 • DICIEMBRE 2006 < < Regresar al índice Cuerpo, moda y belleza: el imperativo de la imagen RESUMEN: En el cuerpo confluyen —a través de la historia— los intereses políticos y sociales de una cultura que es cada vez más “técnica”, en la que el cuerpo es objeto de belleza no sólo para la producción y el consumo, sino para el espectáculo, la publicidad y el ocio. “Negación de la carne, exaltación de la moda”. Baudrillard. Nuestro cuerpo no nos pertenece, es el resultado del desarrollo económico cultural de nuestra sociedad, de discusiones filosóficas, circunstancias y hechos históricos, disposiciones políticas y económicas; es ante todo el producto de una “gestación” social que lo condiciona con códigos, ideologías y prácticas que definen cómo sentirlo, pensarlo y utilizarlo. Al cuerpo se le ha tratado, manipulado y usufructuado; antes, en los tiempos de la hegemonía eclesiástica, desde su rechazo y renuncia tras el influjo nocivo del pecado; ahora, en los tiempos de su alabanza abierta y sin par, aparece agotado en el núcleo de la subjetividad bajo la envoltura recurrente de una supuesta liberación de sus posibilidades y expresiones, y se le ha colocado tercamente como objeto no sólo para la producción y el consumo, sino para el espectáculo, la publicidad y el ocio desde una positivización y glorificación de aquello rechazado de sí: sus rasgos sexuales y eróticos, los que anudados a la renovación constante de sus fuerzas vivaces con la ayuda de la actividad física, el esparcimiento y el ocio, le forjan una imagen positiva de algo bello, libre, sano y armonioso, en un intento de negación de su otro correlato: el del desgaste y la finitud. Correlato en el que Freud lo señaló no sólo como fuente primaria de sufrimiento sino “destinado a la ruina y a la disolución, no puede prescindir del dolor y la angustia como señales de alarma”. [1] El cuerpo, por tanto, lleva consigo siempre el sello de lo inevitable. Es, al tiempo que dinámico y activo, temporal, frágil y precario. Es a razón de esto precisamente que nuestra cultura camufla, esconde y disfraza la naturalidad y la lasitud del cuerpo. Por ello se usan toneladas de maquillaje, productos para la piel y el cabello, litros de lociones, frascos, tubos y paquetes para el cuidado del cuerpo y de su presencia. Deben controlarse sus fluidos, suprimir sus olores, corregir sus expresiones, minimizar sus irregularidades hormonales, tapar los poros y no sudar, borrar las líneas que sean signos del tiempo, las señales de desmesura en los hábitos, quitar los pelos inaceptables o teñirlos, acentuar las curvas, ocultar los abultamientos, fajar las carnes que se aflojen, todo para lo que hay objetos, máquinas y ropas especiales, además de tecnologías e innumerables cirugías. Las dinámicas de construcción cultural del cuerpo le han marcado más o menos esta ruta: luego de su inscripción (inicios del s. XVII) como entidad médica en tanto objeto de fragmentación, disección y estudio, se hizo cuerpo político y de producción bajo los efectos del naciente Estado europeo. Posteriormente, (fines del s. XIX y en el XX) el cuerpo — especialmente el femenino— se hizo mercancía, cuerpo público como objeto de consumo y de deseo; fue deliberadamente invertido en todo el sentido económico al magnificarse su imagen. Se constituyó así progresivamente como cuerpo lícito en tanto simulacro de la cultura de masas que lo expone como producto del catálogo ofrecido al imaginario social, al que se le brinda un discurso del deseo amarrado a las imágenes de publicidad y moda, todo ello gracias al posible valor de cambio de un cuerpo desnudo y erótico que muestra las “ventajas” de la esbeltez y la “buena” forma. Este último movimiento puede captarse y comprenderse a través de la experiencia occidental de la feminidad en un recorrido por la noción de belleza y las expresiones a ella ligada. Y es que no todas las sociedades han encumbrado la belleza femenina en la cima de lo elogiable ni han establecido con ella jerarquías estéticas en la diferenciación de los sexos. El atractivo y la belleza se ha ligado en gran medida a la feminidad, mientras la virilidad en el hombre no ha estado en relación directa con su belleza. El cuerpo de la mujer La construcción del cuerpo de la mujer en la cultura ha pasado por la condición inicial de una antipatía general y una suerte de precaución frente a él con la creencia antigua y persistente de que hay algo peligroso, repugnante, contaminante, fuente del mal, en las formas femeninas. Con sus ciclos biológicos, fue ligado a los reinos básicos y misteriosos,