MAYO 2010 nº 332 ~ PADRES Y MAESTROS 25 a pérdida es una experiencia inevitable para el ser humano pero no por ello es menos dolorosa. El dolor por la pérdida nos indica cuánto queremos a la persona fallecida y nos recuerda lo impor- tante que ha sido y seguirá siendo en nuestra vida y en la construcción de nuestra historia personal. La pérdida a la que Sandra y su familia se enfrentan es una pérdida súbita y un acontecimiento crítico por exce- lencia. Se trata de un acontecimiento crítico porque responde básica- mente a dos características: es repentino, totalmente inesperado, a la vez que destruye los mitos y las creencias sobre los que se construía la familia y cada individuo en el seno de la misma, generando así emocio- nes profundamente dolorosas. Algunos de los estudios tradicionales sobre “acontecimientos vitales” sugirieron en su momento que los más “peligrosos” son aquellos que se producen en un período de tiempo relativamente corto de manera que hay pocas oportunidades para prepararse; sus implicaciones son dura- deras (permanentes) en lugar de pasajeras; y requieren una mayor revisión de las creencias que permiten al individuo comprender el mun- do y comprenderse a sí mismo. Si bien es cierto que los sucesos que comparten dichas características suelen ser difíciles de aceptar e inte- grar, también es cierto que algunos individuos son susceptibles de sufrir más dificultades y presentan respuestas de duelo complicado en com- paración con otros individuos que enfrentan situaciones con las mismas características. M A M Á : ¿ P O R Q U É L O H I C I S T E ? DRA. OLGA HERRERO ESQUERDO PROF. PSICOLOGÍA UNIVERSIDAD BLANQUERNA A la edad de 11 años, Sandra encontró a su madre muerta en el suelo de la cocina. Se había disparado un tiro. Se había suicidado. DUELO POR EL SUICIDIO