Edad de Oro, XXX (2011), págs. 127-166 LA FLORA ENTRE LOS PRIMITIVOS Y CRANACH, DE RAZÓN DE AMOR A CERVANTES: PAISAJE, EXÉGESIS Y POÉTICA Ángel Gómez Moreno (Universidad Complutense) A la memoria de Dolores Montoro Montero Respondamos a un par de preguntas relativas a nuestra tradición literaria: (1) ¿Podemos dejar de lado las plantas al estudiar la lírica castellana popular o folklórica? No, desde luego, porque en su presencia y en el mensaje erótico que las plantas comportan radica la clave principal de muchas composiciones. (2) ¿Significa algo el hecho de que en las jarchas esté ausente el reino vegetal? Pues dice mucho o, para ser más precisos, lo dice todo: revela su carácter urbanita y su desnudez de la simbología erótica del poemario castellano y gallego-portugués; en los cancioneiros, no obstante, la flora aludida es parca (pinos, avellanos y poco más), no así la implícita: la que nuestra imaginación recrea ante la simple mención de la fuente de agua fría, en la que la joven lava su pelo o sus prendas íntimas y a la que baja a beber el ciervo-amante. Y es que el agua fría, pura y cristalina, con virtudes eugenésicas, es el elemento que nunca falta en el hortus clausus en particular y en los loci amoeni con carácter general. 1 1 Del agua me ocupo en «Poesía española medieval y lírica sefardí: entre tradición y poligé- nesis», en The Howard Gilman International Simposia. Harvard Salamanca Tel-Aviv. «Encuentros» & «Desencuentros». Spanish-Jewish Cultural Interaction Throughout History, eds. C. Carrete Parrondo et al., Tel Aviv: Tel Aviv University, 2000, págs. 241-261.