El weberianismo de Merleau-Ponty Josep Maria Bech A nadie se le escapa que el pensamiento de Merleau-Ponty difiere del de Max Weber, sobre todo, en que su interés predominante no estuvo dirigido a la cultura, la economía, la jurisprudencia, la sociedad o la historia. Al mismo tiempo es notorio que Merleau-Ponty se preocupó por fundamentar una ontología social y cultural, además de esbozar una filosofía de la historia, al tiempo que elaboraba su ontología general. Más allá de esta sintonía de orden subalterno, lo cierto es que el modo de pensar de Merleau-Ponty, o sea su ubicuo “estilo meditativo”, es en gran medida deudor de la lectura de Weber, cuyos resultados y conclusiones plasmó notoriamente en las Aventuras de la dialéctica. 1 Esto no quiere decir que el “weberianismo” sea un talante obstinado y omnipresente en el pensamiento de Merleau-Ponty. Más bien se trata de un conjunto de rasgos operativos que deben ser detectados en la sorprendente evolución de su pensamiento, relegando a un segundo plano sus innegables fluctuaciones e indecisiones doctrinales. 2 Por lo pronto conviene profundizar en este sutil paralelismo, y a tal fin nos parece adecuado traer a colación un perspicaz comentario de Guy Oakes: “Weber produce la impresión de sentirse alternativamente atraído por unas tesis filosóficas que se excluyen recíprocamente. Parece aceptar unos puntos de vista en determinados contextos y, sin embargo, los rechaza en otros. En otras palabras, que afirme una determinada posición en modo alguno asegura que eventualmente no la niegue. La evidente predisposición de Weber a defender posiciones incoherentes acerca de cuestiones filosóficas resulta en lo que puede ser pertinentemente descrito como una persistente ‘tensión’.” 3 Es importante no leer esta descripción de las perplejidades weberianas sin advertir que Merleau-Ponty se enfrentó con decisión a unas polaridades parecidas (a semejantes “ambivalencias metodológicas”, por decirlo brevemente), aun cuando, a diferencia de Weber, notoriamente decidió resolverlas por la vía de la ambigüedad. Sólo cabe recordar, a este respecto, que su defensa de una reducción fenomenológica “incompleta” en cuanto que des-transcendentalizada, su substitución del fundamentalismo fenomenológico por una variante crítica de la reflexividad, y su rechazo de la obsesión apodíctica que sustentaba la egología husserliana, llevaron a Merleau-Ponty a una reducción “incompleta” donde el desplazamiento desde lo percibido hasta el acto percipiente (o bien, si se quiere, desde el mundo hasta la experiencia humana del mundo) excluía de raíz (contrariando así todas las proclividades absolutistas de la fenomenología) que la realidad vivida fuera consignada a una subjetividad transcendental convertida en el absoluto punto de partida para todos los desempeños intencionales. Todo lo cual plantea a Merleau-Ponty el acuciante problema de designar al efectivo hacedor de esta mermada reducción fenomenológica, desde luego obsesionada por preservar el sentido de la experiencia vivida pero indiferente a cualquier versión del fulcro transcendental. Así parece resucitar en Merleau-Ponty una “ambivalencia metodológica” que no puede dejar de recordar la que Oakes detecta en Weber, como hemos visto en la precedente cita. 1 Merleau-Ponty 1955. 2 En todo caso es completamente inválida la objeción de que el estilo metafórico y ultraliterario de Merleau-Ponty, así como su obvia afición a las paradojas (unos rasgos expositivos que contrastan con la siempre sobria y a veces incluso estirada manera weberiana), colocan su pensamiento a considerable distancia del de Weber. En realidad fue éste tan adicto a las metáforas y a las paradojas como lo iba a ser más tarde Merleau-Ponty. En cuanto a las metáforas, “con frecuencia revela Weber que prefiere la alusión al análisis cuando los problemas se vuelven difíciles. Sus comentarios sobre axiología se basan predominantemente en metáforas como el politeísmo de los valores y la lucha entre los dioses de las esferas valor ativas.” (Oakes 2003: 42) Y en lo que se refiere a las paradojas, es indispensable consultar Symonds-Pudsey 2008: passim. 3 Oakes 1982: 589.