468 Este ensayo, más allá de examinar a algunos animales específicos que aparecen en la novela de Cervantes, también apunta al hecho de que su autor, claramente conocedor de lo que hacía y quería dejar como legado, no se limitó a la per- sonificación, alegoría o moralejas que la larga tradición de las fábulas y los bestiarios había establecido para el momento histórico y cultural en que apa- rece el Quijote. Más bien, y en consonancia con el adjetivo quijotescos, arguyo que Cervantes propone que los animales tenían vidas y pensamientos que no siempre se podían equiparar con los de los humanos. Es decir, dentro de su relación de dependencia irregular con sus amos, y como ha podido constatar cualquier ser humano que ha vivido con un animal desde entonces, los anima- les tienen una existencia que si para los humanos puede parecer simplemente irrelevante o bestial (por desconocida), para ellos es una manera de ser. Esto dicho, los animales, conviene constatar desde el principio, son una presencia significante, recurrente y paradójicamente supeditada en los estu- dios literarios y culturales de los Siglos de Oro. Esto no debe sorprender ya que no es hasta finales del siglo xx que los investigadores de la literatura europea empiezan a considerar a los animales como seres dignos de estudio. En reali- dad, en la temprana época moderna los animales eran absolutamente centra- les en las vidas de los humanos, como alimento, ropa, medios de transporte y trabajo, y como compañía. Keith Thomas (1983:95) ha confirmado que los animales se encontraban por todas partes en esa época, y que frecuentemente se les percibía como individuos. En entornos rurales y urbanos, la gente con- vivía con perros, gatos, caballos, pájaros, gallinas, cabras, cerdos y vacas, entre Animales quijotescos: una aproximación a los estudios de animales en Don Quijote Adrienne L. Martín University of California, Davis