97 R E V I S T A D E E S T U D I O S I N T E R N A C I O N A L E S ¿Nuevo imperio, viejo patio trasero? Los Estados Unidos, América Latina y la guerra en Irak Jorge Heine “No creo que seamos los bárbaros de una nueva Roma, entre otras razones, porque la nueva Roma, en más de algún caso, es más bárbara que nosotros mis- mos”. Jorge Edwards. E l 1 de marzo de 2003, un sábado, el presidente de los Estados Uni- dos, George W. Bush llamó por teléfono al presidente de Chile, Ricardo Lagos. Por lo que ha informado la pren- sa, el planteamiento del mandatario esta- dounidense fue breve y al punto. Su lla- mado decía relación con la situación en el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas, en que Chile es uno de los miem- bros no permanentes (o “electos”, como se les llama ahora). Estados Unidos tenía interés en obtener una segunda resolución del Consejo en relación con Irak, una que le permitiese atacar a ese país con el be- neplácito de la comunidad internacional. A favor del planteamiento de Washing- ton ya se encontraban cuatro de los quin- ce miembros del Consejo (el Reino Uni- do –estrecho aliado– España, Bulgaria y los propios Estado Unidos), y se entendía que los tres miembros africanos (Angola, Camerún y Guinea), aunque sin manifes- tar públicamente hasta ese momento, se allanarían a hacerlo. Estados Unidos, por ende, necesitaba sólo dos votos adiciona- les para lograr la cifra mágica de nueve requeridos. Chile y México, dos de los países considerados más cercanos a los Estado Unidos en las Américas, y ocupa- ban los dos cupos latinoamericanos en el Consejo, estaban en condiciones de dar- los. George W. H. Bush, el padre, había sido despachado como enviado especial a México para convencer al presidente Vi- cente Fox de la importancia de apoyar a su vecino del norte en esta encrucijada, y ahora el hijo empleaba sus mejores dotes