Pedrero García, E. y Leiva Olivencia, J. J. (2011). El derecho a la salud de los inmigrantes: favore- ciendo la calidad de vida a través de los planes integrales para la inmigración en Andalucía. En F. J. García Castaño y N. Kressova. (Coords.). Actas del I Congreso Internacional sobre Migraciones en Andalucía (pp. 1457-1465). Granada: Instituto de Migraciones. ISBN: 978-84-921390-3-3. 1457 EL DERECHO A LA SALUD DE LOS INMIGRANTES: FAVORECIENDO LA CALIDAD DE VIDA A TRAVÉS DE LOS PLANES INTEGRALES PARA LA INMIGRACIÓN EN ANDALUCÍA Encarnación Pedrero García y Juan José Leiva Olivencia Universidad Pablo de Olavide de Sevilla y Universidad de Málaga En este trabajo se ofrece un análisis sobre la situación en España de las diferentes desigualdades existentes a nivel social y económico en la población inmigrante y más específicamente en el ámbito de la salud y la calidad de vida. Nos centramos en primer lugar, en el fenómeno de la inmigración y su relación con el constructo salud, para profundizar posteriormente en algunos de los estudios e investigaciones llevados a cabo en el ámbito de las desigualdades sociales desde diferentes organismos como el Ministerio de Sanidad o la Sociedad Española de Salud Pública. Posteriormente, exponemos de forma más concreta, el caso de la Comunidad Autónoma Andaluza y su aten- ción a los inmigrantes a través de los tres Planes Integrales para la Inmigración (PIPIA) que se vienen desarro- llando desde el año 2001 hasta la actualidad. Como veremos, aunque nuestro país posee una legislación bastante avanzada en protección de salud y asis- tencia sanitaria para la población inmigrante, en la realidad observamos que la accesibilidad al sistema sani- tario, está dificultada para los extranjeros y no se realiza en términos de igualdad respecto a la población española. Por ello, entendemos que la salud en la inmigración debe ser considerada como una de las mane- ras de promover la participación ciudadana y la inclusión de los inmigrantes en nuestro país. Además, el cuidado de la salud puede entenderse, como una vía de entrada hacia otros recursos que faciliten la integración. Por lo que, dentro de los planes existentes, analizaremos en profundidad, el II Plan Integral para la Inmigración en Andalucía (2006-2009), explicando los diferentes capítulos, y objetivos, así como las once áreas que lo componen (socioeducativa; sociosanitaria; sociolaboral; inclusión y bienestar social; equi- pamientos, alojamiento y vivienda; cultura, ocio y participación; atención jurídica; formación; investigación; sensibilización social, y cooperación al desarrollo), para terminar concentrándonos en el ámbito sociosanitario y exponiendo los retos concretos que se pretenden alcanzar. 1. INTRODUCCIÓN Desde finales del siglo XX hemos vivido grandes movimientos migratorios y sabemos que la mayoría de los países de la Unión Europea se están enfrentando al desafío de tratar con el aumento del número de inmi- grantes, que suelen estar en una situación de vulnerabilidad social y que, por ello, necesitan que sus derechos fundamentales, sobre todo necesidades humanitarias básicas como la salud, sean garantizados por los esta- dos europeos. En nuestro país, los inmigrantes constituyen aproximadamente el 11,3% de ciudadanos extranjeros censados, según los datos provisionales del Padrón a 1 de enero de 2008. Esto conlleva una serie de cambios sociales y económicos que el país debe afrontar. Esta nueva situación sociodemográfica del Estado español requiere mejorar el conocimiento entre otros, de su estado de salud y determinar las prioridades preventivas y asisten- ciales. Cuando los inmigrantes acceden a un país con mayor nivel de desarrollo comienzan a interactuar en ellos los factores nuevos propios de las sociedades ricas (dieta, sedentarismo, etc.) junto con otros no comunes a la población general sino más bien sujetos a las circunstancias de precariedad que afectan con especial intensi- dad a este colectivo (trabajo arriesgado, hacinamiento, prostitución, exclusión social, etc.). Esto implica que el salto migratorio no suele repercutir, con esencial nitidez, en las mejoras del nivel de salud de los inmigrantes ni de una manera clara en sus expectativas de supervivencia (Estébanez, 2006). Desde luego, muy difícilmente serán asimilados al nivel de salud medio de la población autóctona, y persistirán las desigualdades de salud que ya tenían asumidas en sus países de origen con respecto a la población del mundo próspero. Podemos afirmar que, por lo general, son las segundas generaciones, es decir los hijos de los que inmigraron, quienes con mayor claridad disfrutarán de los beneficios del desarrollo en materia de salud, siempre que los procesos que se derivan de la integración social, como la escolarización, se hayan producido adecuadamente.