La noción de que la trombosis venosa podría tener un com- ponente hereditario es realmente antigua, pero las eviden- cias que lo demuestran no aparecieron hasta hace 40 años, con la descripción de la deficiencia de antitrombina, el ma- yor regulador del sistema hemostático 1 . Dadas la escasa fre- cuencia de esa deficiencia y la tardanza de más de 20 años en identificar anomalías hereditarias de nuevos reguladores del sistema hemostático, como las proteínas C y S, se esta- bleció la idea de que la trombofilia hereditaria era una situa- ción con poca relevancia clínica, ya que no podía encontrar- se en más del 5% de los pacientes con trombosis venosa 2 . En este contexto, y al igual que lo aprendido con las coagu- lopatías congénitas, se interpretó que la trombofilia venosa hereditaria era también manifestación exclusiva de un tras- torno monogénico. Esas ideas, vigentes hace 20 años, debían convivir con si- tuaciones clínicas no resueltas, como la observación de am- plias familias en las que varios miembros presentaban fre- cuentes manifestaciones trombóticas espontáneas en el territorio venoso, en ocasiones en territorios inusuales, con aparición frecuente del primer episodio en edades jóvenes, y en las que la recurrencia no era rara; características que definían los estados de trombofilia hereditaria ya caracteri- zados. La incorporación metodológica de la biología molecular pro- pició la posibilidad de estudiar con detalle las variaciones genéticas de la población. Esto ha permitido asociar modifi- caciones frecuentes, presentes en más del 1% de la pobla- ción –polimorfismos genéticos–, con numerosos procesos patológicos, entre ellos la trombosis venosa profunda. La descripción de polimorfismos como el del factor V Leiden y el de la protrombina 20210A/G durante la década de 1990 3,4 , y otros más recientes 5,6 , ha servido para cambiar el concepto de enfermedad monogénica de la trombosis veno- sa por el de una anomalía poligénica y compleja. El intenso trabajo realizado en este campo, con más de 2.000 publica- ciones en la última década (búsqueda en PubMed: «poly- morphism & venous trombosis»), está aportando informa- ción que nos ayuda a entender mejor la existencia e interacción de múltiples factores, genéticos o ambientales, que permiten definir con más precisión el riesgo de trombo- sis venosa y también mejorar la eficacia de su prevención y tratamiento. Comentaremos lo que a nuestro juicio son algunas de las lecciones aprendidas durante estos años, así como el inte- resante y amplio campo de estudio que se vislumbra para un futuro inmediato en el área de la trombofilia hereditaria y trombosis venosa. En primer lugar, hemos entendido algo que podía presumir- se desde un inicio como obvio, aunque no se planteara en estos términos: el peso de riesgo real definido por un poli- morfismo genético no puede ser muy importante, y es difícil verlo como factor casi exclusivo de la trombosis venosa. Por otra parte, ha sido interesante comprobar con la observa- ción clínica cómo los genes no son estructuras «autistas»; al contrario, su grado de «sociabilidad» es muy elevado, pues tienen la capacidad de interaccionar entre ellos y con nu- merosos factores ambientales. Ejemplos de esto son la va- riabilidad del riesgo de trombosis que confieren los diferen- tes haplotipos de un mismo gen 7 y el aumento exponencial del riesgo de trombosis venosa que se genera al coincidir varias modificaciones genéticas 8,9 . De igual manera, es evi- dente que ciertos factores ambientales (p. ej., anticoncepti- vos orales y embarazo) son capaces de interaccionar de for- ma e intensidad variables con las diferentes anomalías moleculares que generan estados de trombofilia heredita- ria 10,11 . La importante producción científica, con sus discrepancias y coincidencias, también nos ha enseñado la rigurosidad exigible hoy día a los estudios de epidemiología molecular, donde la demostración de la asociación entre un riesgo defi- nido de trombosis venosa y un determinado polimorfismo genético requiere obligadamente el reclutamiento homogé- neo y elevado de pacientes y controles, una definición y descripción pormenorizadas de los factores ambientales y, en un futuro inmediato, la exigencia del análisis de interac- ción de factores genéticos 5,6,12 . Los estudios clásicos de aso- ciación se están viendo reforzados y complementados por los de ligamiento, donde la identificación previa de la «here- dabilidad» del rasgo fenotípico a estudiar y el hecho de con- tar con estudios donde los pacientes y controles tengan un sustrato y ambiente genético similares, como el que aporta los estudios familiares, pueden ser ventajas que deben con- siderarse 13,14 . Pese a la información acumulada, persiste la dificultad de resolver determinadas controversias de utilidad clínica, como el verdadero valor de realizar los estudios de trombo- filia hereditaria de forma generalizada 15-17 , la necesidad de estudiar a los familiares de los afectados de trombofilia 18,19 , la decisión de adoptar estrategias profilácticas y terapéuti- cas concretas ante la presencia de un marcador de trom- bofilia, así como la duración e intensidad del tratamiento anticoagulante en estos pacientes 20,21 . La repuesta a la ma- yor parte de estas cuestiones no es sencilla ni definitiva, por lo que a menudo nos enfrentamos con posturas encon- tradas 15,16,22,23 . Posiblemente la lección aprendida más rele- vante es que en el campo de la trombofilia hereditaria ve- EDITORIAL Med Clin (Barc). 2007;128(17):657-9 657 Trombofilia hereditaria: lecciones aprendidas y deberes pendientes Vicente Vicente y Javier Corral Servicio de Hematología y Oncología Médica. Hospital Universitario Morales Meseguer. Centro Regional de Hemodonación. Universidad de Murcia. Murcia. España. Correspondencia: Prof. V. Vicente García. Centro Regional de Hemodonación. Ronda de Garay, s/n. 30003 Murcia. España. Correo electrónico: vvg@um.es Recibido el 3-1-2007; aceptado para su publicación el 10-1-2007. 187.873