Polígonos, nº 10, 2000, pp. 9-35. EL TURISMO EN LAS TRANSFORMACIONES URBANAS DE LAS CIUDADES MEDIAS: BURGOS Y LAS POSIBILIDADES DEL PROYECTO ATAPUERCA Gonzalo ANDRÉS LÓPEZ Departamento de Geografía. Universidad de Valladolid En la actualidad, el binomio que asocia a la actividad turística con los núcleos urbanos parece haberse convertido en uno de los temas de mayor interés para cuantos nos desenvolvemos en el campo de trabajo referido al análisis de la ciu- dad. En un momento, a finales del siglo XX, en el que los núcleos urbanos viven realidades notablemente expresivas de una coyuntura de replanteamiento de su si- tuación en el espacio más amplio, el turismo se ha convertido en una de las op- ciones por las que decidirse desde el punto de vista de las nuevas actuaciones so- bre el medio social y cultural de una ciudad. Y más aún, en esta dimensión, el di- seño, gestión, promoción y mantenimiento de iniciativas turísticas en un núcleo urbano ha pasado a ser una de las realidades con mayor incidencia en los proce- sos de transformación y remodelación de espacios tradicionales y de uso cotidia- no por parte de los ciudadanos en otros momentos de la historia urbana. Particularmente, las ciudades europeas y, más concretamente, las españolas expresan actualmente el resultado de un dilatado proceso de transformación y son el reflejo de una intensa actividad humana bajo la cual se ha ido consolidando el perfil y la imagen de cada núcleo. Siguiendo a Ortega Valcárcel, podemos decir que la ciudad es quizá el exponente más claro de lo que este autor denomina el patrimonio territorial, un bien complejo, diverso y cambiante pero en el que que- da patente un largo proceso de actuación humana sobre el medio en el que las comunidades han desarrollado sus actividades a lo largo del tiempo. En el territo- rio se mantienen las huellas de la propia civilización y en él quedan los testimo- nios de cada conjunto de individuos en cada momento concreto, creando una herencia que constituye el patrimonio cultural de un espacio, materializado en el caso de la ciudad en un conjunto de edificios, calles, plazas, trazados y elementos que vienen a formar, en suma, el verdadero ser vivo en el que se desarrollan la vida y las actividades de un conjunto de seres humanos. De este modo se entien- de que en el denominado patrimonio territorial se incluye “ no sólo el objeto edifi- cado sino la construcción del espacio, más allá del edificio” (ORTEGA, 1999, 33). Como tal elemento vivo, la ciudad se modifica y se reconstruye constante- mente buscando siempre una nueva perspectiva en el uso y aprovechamiento de las distintas posibilidades que tenga en cada momento histórico. Es más, podría- mos decir que la ciudad necesita de un elemento definitorio, de una función pri- mordial que la delimite y le otorgue sentido en el conjunto más amplio al que per- tenece. Tradicionalmente, se ha hablado de ciudades religiosas, ciudades militares