Por su parte, el texto historiográfco de Emilio Robledo (Salamina, 1875-Bogotá, 1961), miembro de las academias colombiana y antioqueña de historia y Colom- biana de la Lengua, La medicina en los departamentos antioqueños, fue una memoria presentada en las sesiones científcas celebradas por la Academia de Medicina de Medellín para conmemorar el primer centenario de la Universidad de Antioquia y que fue publicada en el Re- pertorio Histórico, órgano de la Academia en enero de 1924 (año 6, núms. 1 a 2). En este trabajo Robledo amplió el escrito años antes por “nuestro Hipócrates cristiano”, el doctor Manuel Uribe Ángel (Envigado, 1822), titulado La medicina en Antioquia (1881), por considerar que era defciente en algunos aspectos 24. En este esbozo histó- rico, como él mismo lo denominó, Robledo se propuso desarrollar con una estructura narrativa lineal, el estado de la medicina entre los indígenas prehispánicos; los mé- dicos y el incipiente estado de la medicina española del periodo colonial; la infuencia de las escuelas y doctrinas médicas imperantes en Europa y los Estados Unidos que llegaron al país y a la región con sus médicos, quienes implantaron los procedimientos científcos estudiados allí y, por último, la iniciación de los estudios médicos y la forma como estos se habían desarrollado, de manera particular desde la creación de la Facultad de Medicina (1872) de la Universidad de Antioquia y los primeros títulos médicos expedidos desde 1875 hasta su época a comienzos del siglo XX; el texto incluye pequeñas semblanzas y una valiosa iconografía de los principales médicos nombrados. * * * Si bien las editoriales universitarias involucradas trabajaron en forma conjunta para seleccionar, imprimir, presentar y difundir trabajos de escritores emblemáticos como Juan de Dios Restrepo (Emiro Kastos), Epifanio Mejía, Tomás Carrasquilla, Efe Gómez, Baldomero Sanín Cano, Manuel Mejía Vallejo, Gonzalo Arango, Eladio Gónima, Darío Ruiz Gómez y otros auto- res más, se hace notoria la inclusión hasta ahora, únicamente, de tres obras escritas por mujeres, las de la sonsoneña María Martínez de Nisser y las medellinenses Isabel Carrasquilla y Elisa Hernández Sánchez 25 ; el resultado es una colección de cuidadosas ediciones con prólogos serios, unifcado y colorido formato que rescata y preserva el patrimonio bibliográfco y 24. Estos trabajos historiográfcos se complementaban con los realizados por Pedro María Ibáñez y José María Restrepo Sáenz acerca de la historia de la medicina en Bogotá. 25. De Carrasquilla la crónica Impresiones de viaje (escritas por una abuela para sus nietos) (vol. 23) y de Hernández Manual práctico de cocina para la ciudad y el campo (vols. 56 y 57). A estas escritoras se agrega la coautoría de Ana Catalina Reyes Cárdenas, Jineth Berrío Martínez, María Fernanda Vásquez Valencia y Victoria Estrada Orrego en algunas investigaciones universitarias publicadas en la colección. documental de la región, pues sus títulos resultan claves para estudiar y poner en valor obras fundamentales de su acervo cultural histórico, geográfco, científco, artístico, literario, flológico, arquitectónico, urbano e incluso culinario. Luis Fernando Carrasco Zaldúa La paz que se volvió siderúrgica En carne viva Bernardo Arias Trujillo Casa Editorial y Talleres Gráfcos Arturo Zapata, Manizales, 1934, 243 págs. 180 días en el frente Arturo Arango Uribe Tipografía Cervantes, Manizales, 1933, 194 págs. Cuando se cumplen ochenta años de la frma del tratado de paz de Río de Janeiro (1934) que dio fn a la guerra con el Perú (1932-1933), recuperamos dos autores que abordaron este conficto desde la diatriba y el testimonio, respectivamente, sin hacer concesiones a la versión ofcial. Aunque Bernardo Arias Trujillo (1903-1938), autor caldense apenas reconocido en su región y desconocido en el resto del país, no formó parte del grupo de Los Leopardos, volvió jirones la doble moral del gobierno de la Concentración Nacional de Olaya Herrera con su feroz diatriba En carne viva (1934), reimpresa –junto con la totalidad de su obra– por su sobrino Lucio Michaelis, en Manizales (2012). Como secretario de la Legación colombiana en Argentina, cuando el embajador era su amigo José Camacho Carreño, fue testigo de excepción de las ne- gociaciones diplomáticas de Colombia con los países de América del Sur para lograr adhesiones a su causa soberana. A Buenos Aires llegó después de haber fundado y dirigido fugazmente el periódico El Universal, en julio de 1930, que solo circuló tres meses, pero en cuyos editoriales se asoma la garra del liberal radical de izquierda poco convencido de las alianzas de la naciente República Liberal con el conservatismo, que durante cuarenta y cinco años ejerció su omnívoro poder. Desde entonces, entró en contradicción con los jefes liberales y en esos editoriales se metabolizaron las ideas que luego vertiría en su obra En carne viva. En El Universal emergió ese estilo greco- caldense, infamado de imágenes del novel abogado, como cuando afrma que el gobier- no de Enrique Olaya Herrera tiene a todos contentos, militando cómodamente, “a la [210] RESCATES , RÉPLICAS Y CONTRARRÉPLICAS BOLETÍN CULTURAL Y BIBLIOGRÁFICO, VOL. XLIX, NÚM. 87, 2015