Papel Literario 3
EL NACIONAL DOMINGO 24 DE OCTUBRE DE 2021
HUMBERTO VALDIVIESO
Y como dice el
beduino: “incluso
el humo es bueno
para algo”
F. Nietzsche
S
opesar la experiencia huma-
na del arte conduce a la pre-
gunta por aquello que se ac-
tiva ahí donde aparece una
obra. A examinar el efecto ocasio-
nado cuando ella es situada o erigi-
da en un lugar. Desde esa pregunta y
ese examen se suele valorar la rela-
ción de la obra con la cultura, el es-
pectador y el artista. También con el
tiempo en tanto tradición o el espacio
como paisaje público o privado. Sin
duda, estas valoraciones son perti-
nentes y tienen arraigo en la historia
y la teoría del arte. Pero, están con-
tenidas por un límite: interpelan a la
obra desde la lejanía. Para ellas, la
experiencia del arte está dividida en
dos mundos, uno dentro y otro fuera
de la obra. Los cuales, si bien se inte-
gran, son independientes.
Kandinsky inicia su famoso libro
Punto y línea sobre el plano afirman-
do que hay dos modos de experimen-
tar los fenómenos: el exterior y el in-
terior. Podemos ver a través de una
ventana y percibir “el otro lado” afec-
tados por la inevitable distorsión del
vidrio, de esa barrera de engañosa
transparencia. O bien, salir del aisla-
miento y formar parte del “ser –de–
afuera”. Con esto, el pintor apuntaba
a la necesidad de una analítica sos-
tenida en los elementos básicos del
arte. Él entendía a la obra como un
objeto estético integral. Conciencia y
representación eran espacios aparte.
Entonces, o miramos desde adentro
o abrimos la puerta para vivir con
“sentido pleno” el afuera. Su idea fue
importante para socavar la lejanía
desde donde el arte era tradicional-
mente interpelado. Hizo un llamado
a participar en la obra, a ingresar en
ella: a vivirla sin los filtros que evitan
la relación directa.
Actualmente las dicotomías han pa-
sado de ser barreras problemáticas
para el entendimiento a categorías in-
consistentes. Y es que, desde Kandins-
ky, hemos nutrido el “traspasar hacia
el otro lado” hasta convertirlo en la
misión de toda experiencia, especial-
mente en el arte. Por ello, la razón,
siempre encargada de ubicar y de-
marcar, colapsa ante el deseo huma-
no por la conmoción. Algo que guarda
un inevitable vínculo con la belleza.
Discernir y fijar pedían siempre una
auctoritas, “traspasar” pide un Eros.
Con Lorena Rojas Parma podemos de-
cir: “¿Cuál es el tiempo del amor y la
belleza? Es una verdad de los amantes
que el tiempo se altera, se distorsiona,
y que en ese tiempo solo viven la con-
moción que provoca la belleza”.
La obra de arte hoy no está situa-
da en el mundo, es en sí misma la ex-
periencia del mundo, el deseo de ser
conmovidos por él. Con todo, resulta
inútil diferenciar el adentro del afue-
ra. Las cosas, las ideas y lo hábitos,
en general la vida, ingresan al espa-
cio de la obra. Y a su vez, ella es teji-
da de forma particular en la maraña
sensorial de la existencia. En ese pro-
ceso una energía es activada, o quizá
infinidad de energías. Gracias a ellas
“Utilizaron la
fotografía, la
apropiación,
el collage, la
impresión digital
2D y 3D, la escultura
y la pintura.
Intervinieron
materiales,
reciclaron desechos
y tejieron telas”
EXPOSICIÓN >> IRAZÁBAL, SZINETAR, BARONI, ARISPE Y MONTILLA
4 cuartos / 5 experiencias: Primeridad
aparecen sensibilidades antes ocul-
tas y límites inexplorados. Lo que
justifica la existencia actual de una
obra en el mundo no debe buscarse
en un fuera o un adentro, sino en el
tránsito de la experiencia hacia todos
los tiempos y direcciones. La obra es
nómada en el mundo y este es movi-
miento en ella.
Primeridad
Aunque obra y mundo no sean dis-
tintos, no debemos olvidar que toda
obra es signo de algo. Puede serlo de
un cuerpo, un fenómeno natural o
un concepto. Lo es “en algún aspec-
to o carácter” como afirma el filó-
sofo Ch. S. Peirce. Esto quiere decir
que lo representado en ella consti-
tuye una interpretación en forma de
imagen. Por lo tanto, una crisis de lo
conocido, un nuevo comienzo para
la experiencia humana, algo defor-
mado por una idea o una sensación,
una ley que cambia y una expansión
inconmensurable.
La capacidad de interpretar es inhe-
rente al modo de ser de un signo y, por lo
tanto, de una obra de arte. Peirce expone
tres momentos del proceso interpretati-
vo: la cualidad del sentir, el hecho con-
creto de la información y la ampliación
hacia otro significado. Aquí nos intere-
sa el primer momento, que él llamó
Primeridad. Se trata de la conciencia
de la sensación pura, el principio vi-
tal o pasional, la cualidad de lo inme-
diatamente presente que fluye en el
signo/obra sin información, descrip-
ción, análisis o leyes. De ahí su ca-
rácter abstracto. El signo, entonces,
es la representación de un trastorno,
un cambio, una conmoción. En el ar-
te, lo sería de una belleza sentida, in-
terpretada y expresada antes de que
cualquier categoría lógica la fije a
un orden. Es la experiencia pura de
la materia plástica e intelectual en
plena transformación. Es la belleza
de la cualidad del sentir, del deseo
que mezcla y no separa. Esa es su
Primeridad. Por eso, –tomando una
vez más las palabras de Lorena Ro-
jas Parma, escritas en su ensayo “Lo
auténtico y la ficción en el Eros digi-
tal”–, “cuando hablamos de la belleza
los confines entre el alma y la piel –si
alguna vez los hubo en el amor– se
hacen invisibles”.
Aproximarse a esa cualidad de ser
indiscernibles de la obra y el mundo,
a la Primeridad sostenida por el de-
seo de belleza, guio el trabajo de los
artistas y la curaduría de la muestra
4 cuartos, 5 experiencias, expuesta en
la Galería Cerquone, en Caracas, Ve-
nezuela. De esa inquietud surgieron
las instalaciones-intervenciones ela-
boradas por Víctor Hugo Irazábal,
Vasco Szinetar, Samuel Baroni, Ri-
cardo Arispe y Robert Montilla. Ellos
trabajaron sus “cuartos” siguiendo la
fuerza del devenir del presente y no
un mapa con puntos de llegada pre-
concebidos. Utilizaron la fotografía,
la apropiación, el collage, la impre-
sión digital 2D y 3D, la escultura y la
pintura. Intervinieron materiales, re-
ciclaron desechos y tejieron telas. To-
do esto con la finalidad de expandir
el hecho creativo al infinito, obviando
conclusiones y fronteras.
Cada espacio de la muestra supone
una variación de la experiencia del
presente. Son ejercicios creativos, re-
corridos experimentales que sugieren
toda la belleza que es posible en un
primer instante. Son interminables y
no dependen de la dimensión del re-
cinto. La ausencia de límites en ellos
es la expansión del hecho creativo al
infinito, no es un problema de coorde-
nadas sino de fragmentos de memo-
ria, rastros de vivencias, cualidades
físicas y espirituales, intercambios
con las fuerzas de la naturaleza e in-
tuiciones surgidas cuando se sospecha
de la novedosa “realidad” digital. Por
eso, los trabajos eluden la explicación
y estimulan la vivencia. De ahí su gui-
ño a la instalación, a formar ambien-
tes. Esos cuatro cuartos –que son cin-
co– no exponen objetos colgados para
“ser vistos”. En ellos la materia plás-
tica e intelectual incita a intercambios
íntimos con las obras, a ensayos con
la memoria personal e histórica, y a
juegos con la estructura de la realidad
aparente. Todo esto sin apelar al he-
cho concreto, la información o las le-
yes de lo “adecuadamente elaborado”.
Por eso, en todas las salas predomina
cierta atmósfera de sospecha y ambi-
güedad alrededor de los trabajos.
Diálogos con la experiencia
1. Víctor Hugo Irazábal: Victoria
amazónica
“En cada ciclo mundos infinitos se
generan y perecen en lo infinito”
Diógenes de Apolonia
-Curador: dentro y fuera de nosotros
el universo es infinito, la naturaleza
es una. Estas obras están hechas de la
sustancia misteriosa de esa infinitud.
Al transitar entre ellas experimenta-
mos una plasticidad, que, si bien no
es ajena al pensamiento, está libre de
deudas racionales y medidas exactas.
La obra tiene mucho de ritual, de ma-
nifestación de lo invisible, de llama-
do a la belleza a través de la materia
mortificada una y otra vez en el taller
del artista.
-Artista: conceptualmente asumo
la obra como una posibilidad que
se da en un instante, nunca la con-
sidero una afirmación cerrada. De
esta forma, al ser una posibilidad,
se convierte en una energía abierta.
La selección se ubica en dos grandes
bloques de signos plásticos e icóni-
cos, tomados de mis libretas y obras.
Todos hablan sobre mi experiencia
con la naturaleza en mayúscula de la
Amazonia.
2. Vasco Szinetar: Gestos
“El hoy fugaz es tenue y es eterno;
Otro cielo no esperes,
ni otro infierno”
J. L. Borges
-Curador: en los laberintos de sus
contradicciones íntimas, en los pe-
queños conflictos expresivos y en los
prodigios inesperados conviven las
tensiones de los gestos. Una imagen
nunca se funde en otra. La verdadera
acción en ellas consiste en morar por
el espacio ajeno y esquivar la certe-
za. Voces cercanas y lejanas conviven
en la labor de una práctica creativa a
medio camino entre la fotografía, la
apropiación y el collage. De ahí su al-
ma profunda.
-Artista: el verdadero arte es final-
mente inaprensible.
3. Ricardo Arispe: Post-eternidad
“Aquí estaremos eternamente –aun-
que mañana nos vayamos–”
Adolfo Bioy Casares
-Curador: la obra no es un testimonio
del mundo sino de su deformación, de
la experiencia donde ya no distingui-
mos entre lo real y lo virtual. Esta
sala es un “anti-ambiente” hecho de
espacios que transitan a través de es-
pacios, de fragmentos desprendidos
de una sospechosa realidad. Tal co-
mo ocurre en el mundo: un artista es
todos los artistas. Una obra es tam-
bién todas las obras que están ausen-
tes. ¿Acaso la verdadera vida no es esa
brecha –estremecedora experiencia–
entre lo que vemos y sospechamos?
-Artista: el cuerpo de trabajo está for-
mado por 5 conjuntos con vínculos ha-
cia las otras salas y las ideas del cura-
dor: collages, madera y vetas, siluetas,
hojalata y la semiótica de los objetos.
Las puertas y la realidad aumentada
abren el espacio a otras realidades. La
inteligencia artificial constituye una
puerta superpuesta sobre las puertas
que llevan a otros mundos.
4. Samuel Baroni: Entramados
“Yazgo la vida. Nada de mí interrum-
pe nada”
Fernando Pessoa
-Curador: Este trabajo está hecho de
trayectos y energía vital. Bosque, na-
vegación y caligrafía están ahí para
ofrecernos lecturas provisionales del
acontecer e indicios de la fragilidad
humana. Quien firma las obras es una
incógnita llamada artista, detrás de la
cual un niño se permite seguir reco-
rriendo universos que nunca aban-
donó. Su tiempo es el de ese bosque
fértil de signos plásticos y el de esos
océanos que surcan barcos inestables.
Quien los recorre con atención lo ha-
llará ahí.
-Artista: la firma tiene mucho que
ver con mis tránsitos. Es un produc-
to esencial del entramado de la obra,
por eso ella aparece con unas varia-
bles tremendas dentro de esta conju-
gación de elementos. Ella se desborda
entre todas las cosas que se entremez-
clan de una manera muy fuerte.
5. Robert Montilla: Anatomía del vacío
“La obra es el camino y nada más”
Octavio Paz
-Curador: un espacio no adquiere sig-
nificado únicamente por las palabras,
las imágenes, las distancias o los ma-
teriales. La experiencia humana tam-
bién pide la interacción con lo ausen-
te. Presencia, ausencia, visibilidad,
invisibilidad son elementos de un mis-
mo juego. El arte se encarga de reve-
larnos eso, él hace de la existencia al-
go extraordinario cuando muestra lo
lleno que está el vacío.
-Artista: quiero mostrarle a las per-
sonas lo intangible, lo que hay ahí:
cómo un vacío se genera entre la
materia y el espacio. Mi intención
es mostrar lo que no se ve y demos-
trar que siempre hay una ausencia de
contenido que no es la materia y eso
es lo que uno habita.
ENTRAMADOS 2 – SAMUEL BARONI / ©ANTONIO ODEHNAL
Con Lorena Rojas
Parma podemos
decir: ‘¿Cuál es
el tiempo del amor
y la belleza?’