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Fray Doroteo Giannecchini: lingüista,
etnógrafo y explorador del Chaco boliviano
Isabelle Combès
Instituto Francés de Estudios Andinos (UMIFRE 17 MAEDI / CNRS USR 3337 - América Latina); Centro de
Investigaciones Históricas y Antropológicas (CIHA) del museo de historia de la Universidad Autónoma Gabriel
René Moreno, Santa Cruz, Bolivia
Pilar García Jordán
Universitat de Barcelona, Taller de Estudios e Investigaciones Andino-Amazónicas ( TEIAA)
2022
POUR CITER CET ARTICLE
Combès, Isabelle & Pilar García Jordán, 2022. “Fray Doroteo Giannecchini: lingüista, etnógrafo y explorador
del Chaco boliviano”, in Bérose - Encyclopédie internationale des histoires de l'anthropologie , Paris.
URL Bérose : article2695.html
Publication Bérose : ISSN 2648-2770
© UMR9022 Héritages (CY Cergy Paris Université, CNRS, Ministère de la culture)/DIRI, Direction générale des
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Consulté le 16 octobre 2022 à 16h06min
Publié dans le cadre du thème de recherche « Anthropologie des basses terres sud-américaines », dirigé
par Isabelle Combès (IFEA / CIHA, Santa Cruz de la Sierra / TEIAA Barcelona), Lorena Cordoba
(CONICET/UCA, Buenos Aires / CIHA, Santa Cruz de la Sierra) et Diego Villar ( CONICET/UCA, Buenos Aires
/ CIHA, Santa Cruz de la Sierra).
Massimino Candido Regolo Giannecchini nació el 9 de diciembre de 1837 en Pascoso di
Pescaglia, en el antiguo gran ducado de Toscana. Ingresó en el seminario de San Martino, y
pasó después al convento de los Frailes Menores Observantes de San Cerbone como novicio
franciscano [1]. Tomó el hábito el 30 de agosto de 1853 y profesó solemnemente el 31 de agosto
de 1854, con el nombre de Doroteo. Salido de Génova en junio de 1859, llegó a Montevideo y
de ahí a Tarija, en el sur de Bolivia, el 4 de enero de 1860, siendo ordenado sacerdote el 11 de
septiembre del mismo año. [2] A partir de entonces, fray Doroteo trabajó y predicó, junto con
sus hermanos en religión, en las misiones de la entonces llamada “frontera chaqueña” [3].
El Colegio franciscano de Tarija había empezado su labor misionera entre los chiriguanos del
piedemonte boliviano en tiempos coloniales. Tras las guerras de Independencia reinició sus
actividades entre los chiriguanos en 1845 y, a partir de 1860, entre los “noctenes” (actuales
weenhayek) y los tobas del Gran Chaco. A pesar de la multiplicación de las misiones hasta fin
de siglo y de un creciente número de bautizados, el trabajo misionero no era nada fácil en
una “frontera” de colonización alejada del control estatal. Tanto chiriguanos como indígenas
chaqueños pidieron en general el amparo de la misión católica para escapar de las guerras de