El sacrificio humano En El michoacán antiguo Grégory Pereira Sí, sí, mucho placer tengo. Ya [he] dado yo de comer al sol y a los dioses del cielo. Yo engendré aquella cabeza que cortaron; yo engendré aquel corazón que le sacaron. Relación de Michoacán (2000: 533). A diferencia de lo que afirmaban los informantes mexicas de Sahagún (CF X: 189), los michoaque no sólo sacrificaban aves, culebras y conejos a sus dioses. El pasaje de la Relación de Michoacán que hemos citado arriba —en el cual Tariácuri se felicita del destino que espera para su propio hijo en manos de sus enemigos— ilustra claramente la importancia que cobraba el sacrificio humano en la vida social y ritual de los tarascos del Posclásico tardío. Esta observación no es ninguna novedad y los investigadores que se han dedicado al estudio del sistema religioso tarasco (Seler 2000 [1908]; Caso 1943; Corona Núñez 1957; Pollard 1991, 1993; Michelet 2006) ya habían apuntado la presencia de esta práctica. Sin embargo, con excepción de los interesantes comentarios de Eduard Seler (2000 [1908]) y de un breve capítulo que le dedica José Corona Núñez (1957: 55-59), este tema no ha sido objeto de ningún estudio específico hasta la fecha. Tal situación contrasta notablemente con lo que sucede en la cultura mexica, donde el sacrificio humano inspiró una amplia literatura (véase, por ejemplo, González Torres 1985; Carrasco 1999; Graulich 2005). Tal desequilibrio procede, sin duda, de las importantes limitaciones infor- mativas de las cuales padecen la arqueología y la etnohistoria del Michoacán an- tiguo. Si bien la arqueología de esta región ha conocido notables avances en los últimos 25 años, aún falta mucho para equiparar el grado de conocimiento que se tiene respecto a los mexicas. Por otro lado, aunque algunos contextos mortuorios explorados han sido interpretados como evidencias del sacrificio humano, dichas especulaciones son a menudo discutibles, pues no toman en cuenta los procesos tafonómicos, tanto naturales como culturales, que pudieron afectar los contextos. De manera general, son pocos los estudios que se basan en un análisis osteológico de las alteraciones que podrían relacionarse con el tratamiento sacrificial. Hay que considerar también que, a diferencia de los mexicas, los antiguos p’urhépechas no han sido muy propensos a expresar gráficamente elementos rela- cionados con el sacrificio. Si bien existen algunas representaciones que se relacio- nan con el sacrificio, éstas no corresponden siempre al Posclásico tardío. Los documentos etnohistóricos son también poco numerosos en compara- ción con los del Altiplano Central. Con excepción de algunas menciones en las 247