CAPÍTULO IV La Virgen de Itatí en el Noreste argentino Cleopatra Barrios L a devoción a la Virgen de Itatí constituye uno de los cultos marianos más antiguos y convocantes del Litoral argentino. La veneración fue orga- nizada a inicios del siglo XVII por la misión franciscana en la zona del Yaguarí. Esta experiencia dio lugar a la fundación, en 1615 del Pueblo de Indios de la Pura y Limpia Concepción de Nuestra Señora de Itatí, luego llamado sólo Itatí (que signifca punta o nariz de piedra, en guaraní). Esta ciudad se localiza al norte de la provincia de Corrientes, a setenta kilómetros de la capital homóni- ma, sobre el margen del río Paraná y en el límite con la República del Paraguay. El santuario, ubicado en la localidad ribereña, recibe anualmente cerca de dos millones de feles. Los promeseros provienen en su mayoría de ciudades del Li- toral argentino, del vecino Paraguay y del gran Buenos Aires, entre otros puntos del país, donde residen migrantes de la región que, durante las peregrinaciones anuales, retornan para cumplir sus promesas a la Virgen y visitar a sus familiares. El origen del culto se remonta a los tiempos de la conquista y la coloniza- ción de la región del Río del Plata. Luego de fundar Sancti Spíritus, Sebastián Gaboto remonta el río Paraná y llega a los caseríos del cacique Yaguarón, habi- tado por guaraníes agricultores. Años más tarde de esta expedición, registrada por las crónicas del Plata en febrero de 1528, se producen las acciones del go- bernador de Asunción, Hernando Arias de Saavedra (Hernandarias) y del ade- lantado Juan Torres de Vera y Aragón. Las actuaciones de éste último derivan en las fundaciones de Concepción de la Buena Esperanza del Bermejo en el Gran Chaco (1585) y la Ciudad de Vera en el sitio de las siete Corrientes (1588), que luego pasa a llamarse San Juan de Vera de las Siete Corrientes, hasta ser conocida solo como Corrientes (Gómez, 1944). En esa empresa expansiva, los religiosos tuvieron a su cargo la consolidación de la evangelización a través de la colonización misionera. En este contexto, la zona del Yaguarí y la devoción creciente a la Virgen de Itatí fueron la puerta de ingreso para el desarrollo de la tarea de los sacerdotes franciscanos en el triángu-