Revista Fogón de Descartes - No. 3 Revista Fogón de Descartes - No. 3 NELSON MORA: LA GUERRA FINAL, FICCIÓN Y REACCIÓN DIEGO fERNANDo RINCóN (Universidad del Quindío rincon.90@hotmail.com) Muy poco se sabe de la literatura de ciencia ficción en Colombia, muy pocas obras y muy pocos autores existen al respecto. Se ha denominado como una de las primeras obras de ciencia ficción a Una triste aven- tura de catorce sabios (1928) de José Félix Fuenmayor. Se tienen además en el prontuario a José Antonio Osorio Lizarazo y a M. R. Sliger quienes escribieron Barranquilla 2132 (1932) y Viajes interplanetarios en zeppelines que tendrán lugar el año 2009 (1936) res- pectivamente. También René Rebetez con Los ojos de la clepsidra (1964) y Antonio Mora Vélez con Glitza (1979) y El juicio de los Dioses (1982) están conside- rados entre los principales autores de la literatura de ciencia ficción en Colombia. Las décadas de los 60 y 70 principalmente, dieron a luz a las más influyentes obras de literatura de ciencia ficción. También, comienza a gestarse el conflicto in- terno armado de Colombia que tiene fuerte influencia del conflicto bipartidista de los 50. En la década de los 70 Colombia produce y exporta marihuana. Esta hierba se exporta en barcos bananeros con la compli- cidad de la aduana y la policía. Pero con la vigilancia norteamericana el cultivo se traslada a la Guajira y florece entre l974 y l978. A finales de los 70 se erra- dica la economía de la marihuana por la presión de los Estados Unidos. Todo esto significó el comienzo del conflicto armado del narcotráfico y una constante lucha por el poder del producto. En medio de este conflicto armado y de la aparente estabilidad que gozaba en los 60 y 70 la literatura de ciencia ficción en Colombia, un escritor calarqueño, Nelson Mora, no con tanto reconocimiento como los escritores mencionados hasta ahora, encuentra en la ciencia ficción una forma de reaccionar a distintas dimensiones de poder y de sometimiento al hombre. Las primeras palabras de su novela La guerra final, se encuentran en el epígrafe que prácticamente resume la obra. Alafirma somos civilizados. Entonces es- tamos ya maduros para la guerra final . A pesar de ser apenas los 70 cuando la tecnología aún no había avanzado hasta lo que ha mostrado hoy, cuando te- ner un televisor era casi un privilegio, cuando aún las máquinas no le hacían los trabajos al hombre y todo lo que tenemos hoy era casi inimaginable. La guerra final ya la advertía el escritor: Nelson Mora prevé en la tecnología una amenaza. La Novela retrata la condena a muerte del señor Mo- nart en un mundo gobernado por máquinas, al con- siderársele un peligro para la estabilidad del control electrónico mundial. Pronto, una comunidad de hombres que se encuentran ocultos al control de las máquinas intentan salvarlo de la muerte. Finalmente termina por desatarse una guerra entre los hombres y las máquinas. Tal vez, cuando Nelson Mora habla de guerra final, no se trate de una guerra contra las máquinas, sino de la última guerra entre los hombres. La idea de que estamos maduros para la guerra final, sería un lapi - dario adelanto para la autodestrucción que dejará el mal manejo de la tecnología, el mal uso de los cono- cimientos científicos. Pero también, acaso sea una inconformidad por la situación política que vivía: la necesidad de distintos bandos de aferrarse al poder. Lo anterior puede ser lo que lleva a Mora a imaginar- se un sistema con todo el control, no importa si es o la izquierda o la derecha política, no importa si hay armas o no las hay. La guerra final muestra la posi- bilidad no tan ajena de que los hombres ya no harán nada, de que las máquinas se vuelven indispensables para el hombre. Muestra además la idea de que la lu- cha constante entre opresor y oprimido no cesará tan fácilmente. Nelson Mora se muestra como un intelectual respon- sable con todo lo que implican sus afirmaciones en La guerra final. Si bien he dicho que se trata de una guerra final entre los hombres, no obstante, no es el objetivo del filósofo Quindiano. No tiene la intención de que unos se alcen contra otros; muestra responsa- blemente que el hombre deberá pelear contra las - quinas; no hay en ningún momento tensión alguna entre humanos. Más bien hay una alianza, una espe- cie de fraternidad entre ellos para luchar contra algo que se les opone. Ese control electrónico mundial, que a mi juicio representa el ansia de poder, es a lo que se enfrentan los hombres. Quizá Nelson Mora quería que se abandonara la guerra, aquella que se veía nacer desde el narcotráfico, pero que él ya avizoraba mucho más allá, mucho más compleja. Deja entrever también que estaba comprometido con la sociedad, con la crí- tica constante a los acontecimientos que le rodeaban, por eso, quizá se trate de una novela donde convergen ideas filosóficas, políticas, e ideas propias de su profe- sión como abogado. Nelson Mora describe la condena a un hombre por poner en peligro el control electrónico mundial. Esto no es más que la advertencia de que unos hombres se baten entre por el poder. Poner en peligro el control electrónico mundial, es poner en peligro el ansia de poder que puede cobijar a cualquiera. Este es un lla- 39 38