“Quiles Orientalista” Profesor de Pensamiento Oriental de la Facultad de Filosofía, Letras y Estudios Orientales Lic. Ricardo Hamlet Taddeo Palabras pronunciadas en el Salón Rojo del Rectorado de la Universidad del Salvador, en el marco del Homenaje al “R.P. Ismael Quiles S.J.” en ocasión de sus 100 años de ingreso a la Compañía de Jesús Señoras, señores: Es un honor para mí poder pronunciar algunas palabras en el maravilloso marco de este homenaje. Ismael Quiles, un nombre que evoca diversas sensaciones. Todas ellas amigas, todas ellas hermosas. Miles de palabras podrían decirse para describirlo y aún no bastarían. Aquellos de nosotros que contamos con el testimonio de quienes lo conocieron, nos vemos sorprendidos ante la presencia de un ser humano integral. Y esta, quizá, haya sido la búsqueda de su vida, la integralidad. Esto mismo es lo que lo llevó, después de años de profundizar en la tradición filosófica y teológica occidental, a embarcarse hacia el Oriente. Así, atravesó el mundo en el año 60, gracias al Proyecto Mayor Oriente Occidente de la Unesco y fue a Japón. Y allí se encontró con quien fuese su Virgilio en este viaje: Hajime Nakamura. Un célebre indólogo, traductor, profesor, filósofo, experto en sánscrito y pali… y al encontrarse con él se le abrió la Biblioteca del Instituto de Religiones Orientales de la Universidad de Tokio y allí es en donde el Padre Quiles descubrió, como dice el mismo, la mitad de la biblioteca: “nos falta la mitad de la biblioteca”, solía decir. Allí el Padre Quiles descubrió que un arduo —aunque gozoso— camino lo aguardaba que era traer todos esos conocimientos a Occidente. Porque cuando uno se acerca a Oriente no basta con el conocimiento positivo, racional. Si nos ponemos a hablar, verbigracia, de qué es el Ātman para un hindú, evidentemente lo primero que tendemos a hacer es parangonarlo a la noción de alma, con la que estamos más familiarizados, pero ahí entra a jugar algo que Raimon Panikkar llama losequivalentes homeomórficos: son y no son lo mismo. Es que los conceptos de las religiones no son conceptos, son ideas, y a diferencia de aquellos, se viven no solo con la cabeza sino con el cuerpo, con el alma y con el espíritu y requieren de esa vivencia total para entenderse o para intuirse. Quiles bien lo sabía y es lo que él se propuso. Por eso, a continuación, diré algunas palabras nada más acerca de cuál fue el Oriente que Quiles buscó y encontró y nos trajo a todos nosotros, para… para siempre. Porque estas mismas paredes y las paredes de varios edificios que se encuentran a solo unos metros de aquí, de la Facultad de Filosofía, Letras y Estudios Orientales de la Universidad del Salvador, respiran aún en sus pasillos, en sus volúmenes, en sus aulas, en sus docentes, el misterio mágico e inaudito del pasado que se hace presente… Quiles está ahí, Quiles aún nos acompaña… Y la forma de revivificarlo es recuperar su mensaje… por eso sean estas simples palabras una pequeña ventana a qué nos quiso decir acerca del Oriente, con qué se encontró y cómo podemos revindicar sus postulados. Escuchemos sus palabras: No obstante, debemos confesar que cuando entramos por primera vez a la Biblioteca del Instituto de Religiones Orientales de la Universidad de Tokio y el profesor Hajime Nakamura nos mostró las colecciones de las ediciones de los Libros Sagrados budistas, en diversas lenguas y traducciones: china, tibetana, sánscrita, pali, japonesa, etc. y contemplamos los numerosos volúmenes de comentarios que había que agregar a estas extensas colecciones no pudimos menos de quedar impresionados por el extraordinario aporte del pensamiento oriental, que no tenía por qué envidiar al de Occidente, y también por el inmenso trabajo que preveíamos caía sobre nosotros. (Quiles, 1997, p. VIII)