¿AMAN LA CIENCIA LAS MUJERES DE COMIENZOS DEL SIGLO XXI? ¿AMA EL SISTEMA DE CIENCIA A LAS MUJERES? Capitolina Díaz Profesora de Sociología. Universidad de Valencia Quizá el fenómeno más llamativo de difusión científica reciente ha sido la aparición, en marzo de 2012, del grupo de Facebook I Fucking love science de E. Andrew. Sus impactantes y divertidas fotografías, junto con sus no menos divertidos e interesantes comentarios científicos han espoleado el interés por la ciencia en las redes sociales. En poco más de un año, esta página ha alcanzado los 4,5 millones de seguidores (“me gusta”) y el número de personas que hablan sobre el contenido de I Fucking love science suele superar al número de “me gusta” y al número de personas que debaten sobre el contenido de cualquier otra página de Facebook en un momento determinado. En marzo de 2013, E. Andrew creó una cuenta en Twitter que incluía una foto suya y la enlazó a la página de Facebook I Fucking love science. Miles o millones de sus seguidores se quedaron sorprendidos al ver que E. Andrew era Elise Andrew, una chica. Se produjo una inundación de mensajes relativos a su sexo. ¡Cómo era posible que una mujer, y una mujer sola, mantuviera esa página de tanta calidad científica, redactada de manera tan divertida! Sorpresa e incredulidad. Hubo muchos comentarios sexistas y muchos otros de apoyo. Pero la sorpresa fue general. La sorpresa tiene que ver con el hecho de que Andrew es mujer y además usa tacos. Ninguno de esos dos atributos parece formar parte del estereotipo de quienes se dedican a la ciencia, ni a la divulgación científica. En abril de 2013, junto con esta sorpresa generalizada porque una mujer supiera tanto de ciencia y tuviera tanta gracia y tantas habilidades tecnológicas, aparecía She Figures 2012 1 . La serie de She Figures son unas magníficas publicaciones con las que la Comisión Europea nos ofrece en detalle la situación de las científicas en la UE. En esta 4ª edición, sus datos nos muestran que sigue abierta la brecha de género en la ciencia europea y que el progreso de las mujeres, en los 10 años analizados, es desesperantemente lento (Fig. 1). Es aquí donde la anécdota de la sorpresa al saberse que la creadora y sostenedora de I Fucking Love Science es una joven de 22 años adquiere nivel de categoría explicativa. ¿Qué nos explica? Nos ayuda a entender que los mismos sesgos de género que están en las mentes de aquellos a quienes tanto ha impresionado saber que una mujer científica puede crear y mantener una de las páginas más visitadas y comentadas de Facebook, son sesgos similares a los que operan en los procesos infantiles y juveniles de elección de rama de estudios. Son sesgos del mismo tipo de aquellos que en el mundo profesional condicionan las decisiones sobre qué persona (o, mejor, de qué sexo) seleccionar para un empleo o para un ascenso, a quién llamar para un formar parte de una comisión, a quién proponer para un premio o para una presidencia, a quién ofrecer una colaboración en un proyecto de investigación, etc, etc Los mencionados sesgos de género, los prejuicios casi ancestrales respecto a los roles de las mujeres y los conceptos obsoletos sobre mujeres y varones, sobre sus capacidades y potencial, es lo que lleva a que, en 2010, siendo las mujeres el 55% del alumnado universitario y el 59% brought to you by CORE View metadata, citation and similar papers at core.ac.uk provided by Repositori d'Objectes Digitals per a l'Ensenyament la Recerca i la Cultura