Mon'o Cruz Romeo Moteo es profesora de Histono Contemporánea en lo Universi- tot de Valencia . Ha centrado sus investigaciones en la historia polibco y social del siglo XIX y, especialmente, en e/liberolrsmo español. Es autora de/libro E ntr·e el orden y la revolución (Alicante, /993). (j) Jorge Luis Borges, Prosa com- pl eto, Bruguer ·a, Bar-celona, 1 980, vol.l, págs. 477-4 84. @ En genera l, A Bar·ahona, P Agui lar y C. González (dirs.) : L os politicos hacia el posado. juicios, depuraciones, perdón y olvido en las nuevas democracias, Istmo, Madrid, 2002. La cultura de la memoria María Cruz Romeo Mateo MEMORIA Y OLVIDO DEL FRANQUI SMO Conocido es el relato de Jorge Luis Borges, «Funes el memorioso». Tras sufrir un accidente, Ireneo Funes descubrió que «SU percepción y su memoria eran infalibles». El vértigo y el peso de la memoria le impedían narrar, pensar, porque pensar -expone el narrador- «es olvidar diferencias, es generalizar, abstraer. En el abarrotado mundo de Funes no había sino detalles, casi inmediatos». Poco tiempo después, Funes, el hombre de implacable memoria, moría de una congestión pulmo- nar (j). Más de sesenta años han transcurrido desde que Borges escribiera esta breve pieza. Su evocación, sin embargo, resulta plenamente actual a la luz de unas determinadas políticas de ges- tión de la memoria desplegadas por recientes procesos de transición a la democracia en el mundo y de unas prácticas culturales que rinden culto al pasado, así como a la luz de los ensayos publi- cados en los últimos años en torno a la dialéctica de la memoria y el olvido. Las conmemoraciones, las celebraciones y los monumentos del recuerdo han jalonado las últimas décadas del siglo xx en Europa y fuera del continente, impulsados algunos de ellos por la exigencia de dar una respuesta social a los crímenes contra la humanidad acaecidos en el pasado y en el presente. Un pasado, en muchos casos absolutamente vivo y actuante, que exige un trabajo de memoria y de duelo mediante el cual las sociedades puedan reconstituirse. Así, las nuevas democracias se enfrentan a un doble reto: por un lado, la construcción de un futuro; por otro, la gestión de un pasado de sombras. No hay un modelo único y universal a este respecto. La «terapia colectiva» puede demandar el silencio, el «volver página» o «no abrir heridas», en nom- bre de la reconciliación nacional; o puede hablar en nombre de las víctimas y reclamar justicia; o, en fin, puede buscar un compromiso entre la paz social y la búsqueda de la verdad. Las expe- riencias de la Europa del Este, de América Latina o de Suráfrica son, en este sentido, diversas y particulares @. No obstante, todas ellas obligan a la ciudadanía a pensar y debatir sobre unos temas, los de la memoria, el olvido, la justicia, la injusticia, la amnistía, el sufrimiento o el duelo, que, en palabras del escritor y Premio Nobel de la Paz Elie Wiesel, «inflaman los espíritus cuando se les asocia a las tragedias de este siglo». El «elogio de la memoria» como deber de todos los hombres y de las mujeres no tiene dispensas para este escritor cuando, con tal título, concluye una reflexión de múltiples voces acerca de la memoria y el olvido, la historia y la justicia, auspiciada por la Academia Universal de las Culturas, creada en 1992, y publicada con el rotundo título de ¿Por qué re cordar? El problema, claro está, es qué, cómo y hasta cuándo recordar el pasado. En los últimos años se han formulado críticas, más o menos fundadas, sobre lo que para algunos es una verdadera obsesión por la memoria del pasado que puede incapacitar toda acción de futuro. ¿Es la memoria una enfermedad que conduce a la muerte y el olvido la condición del pensamiento y de la vida? Borges, pues, de nuevo. Esta es la preocupación, en este caso muy francesa, que envuelve la obra dirigida por el periodista Thomas Ferenczi Devoir de mémoire, droit ctl'oubli? Ambos libros son el resultado de dos seminarios celebrados en Francia en 1998 y 2001 , respectivamente, que reunieron a prestigiosos filósofos,