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D.R. © VERTIENTES Revista Especializada en Ciencias de la Salud 19(1): 5-12, 2016
Arte, literatura, música y salud
Casos y revisiones de salud 2022;4(1) D.R. ISSN 2683-1422
Correspondencia: Cristina Flores-Bello
E.mail: rasguosafores@yahoo.com.mx
Artículo recibido: 30 de abril de 2022
Artículo aceptado: 9 de mayo de 2022
Flores-Bello C. La monstrua desnuda y vestida. CyRS.
2022; 4(1):112-116
DOI: https://doi.org/10.22201/fesz.26831422e.2022.4.1.10
La monstrua desnuda y vestida
(Síndrome de Prader-Willi)
The Nude Monster (Prader-Willi Syndrome)
Cristina Flores Bello
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1
Profesora de Tiempo Completo de la carrera de Enfermería, FES Zaragoza, UNAM
IntroduccIón
Juan Carreño de Miranda, pintor español, fue
uno de los mejores representantes de la pintu-
ra barroca del siglo XVII. Autor de una prolífica
producción de pintura sobre lienzo, se especiali-
zó en escenas de carácter religioso y en retratos
de personajes pertenecientes por lo general al
medio cortesano. En 1669 fue nombrado pintor
del rey, y desde entonces hasta su muerte de-
dicó gran parte de sus esfuerzos a la represen-
tación de la familia real y de algunos miembros
de la corte. El Museo del Prado posee una bue-
na representación de su obra. Actualmente hay
treinta y seis piezas catalogadas como suyas,
entre ellas, los lienzos “La monstrua desnuda” y
“La monstrua vestida” (P02800 y P00646). Fe-
chados hacia 1680.
1
La niña que aparece en los lienzos se llamaba
Eugenia Martínez Vallejo, quien nació en Bárce-
na (Burgos) en 1674. Según la historia, la niña
nació justo cuando el cura estaba diciendo misa,
lo cual fue considerado un presagio de que la
recién nacida iba a ser afortunada; sin embar-
go, no fue así. Se decía que la “pequeña Eu-
genia parecía tener doce años cuando aún no
había cumplido uno, y pesaba unos veinticinco
kilos, que se convertirían en cerca de setenta y
cinco kilos cuando contaba con seis años”.
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Su
deformidad física la hizo objeto de curiosidad y
atracción.
En aquellos tiempos existía un gusto por las ra-
rezas naturales lo cual fue heredado del siglo
XVI y continuó hasta el siglo XVIII, donde era
común que bufones, enanos, monstruos, y di-
ferentes rarezas humanas fueran considerados
como personajes de entretenimiento y vivieran
en el palacio con el propósito de divertir a reyes
e infantes.
2,3
Dichas proporciones extraordinarias llevaron a
la pequeña Eugenia a la corte en 1680 para ser
presentada ante el rey Fernando e ingresara en
la particular cohorte de los llamados “gente de
placer de palacio”, o las “sabandijas palacie-
gas”.
3
Sus características causaron admiración
a su llegada, donde fue apodada la monstrua,
exhibida, y también pintada por artistas de la
época, formando parte de las obras más cientí-
ficas de los gabinetes de rarezas y curiosidades
del siglo XVIII.
2
En el mismo año 1680, Juan Cabezas, cronis-
ta de la época, publicó en Madrid la “Relación
verdadera en la que da noticia de los prodigios
de la naturaleza que ha llegado a esta corte, en un
niña gigante llamada Eugenia Martínez de la villa
de Bárcena, del arzobispado de Burgos”. Obra que
fue ilustrada con una xilografía (Figura 1), que la
representaba completamente desnuda para mos-
trar mejor su grado de deformidad y que se reedi-