El Catoblepas número 120 • febrero 2012 • página 3 Sobre los pormenores de la cosa: ética y economía Domingo Fernández Agis Se relacionan las ideas sobre el capitalismo de Walter Benjamin y Max Weber, contrastándolas con el funcionamiento de la economía virtual de nuestros días En un artículo de reciente aparición, comentando un fragmento de Walter Benjamin datado en 1921 y recogido en la edición italiana de sus Escritos políticos, Roberto Esposito se detiene a rememorar la tesis que defiende en ese texto el pensador alemán, quien venía a decirnos que el capitalismo responde a los mismos impulsos y exigencias humanas que cualquier otra religión. Si bien, evoca Esposito en su comentario, no es una religión como las demás pues posee unos rasgos específicos que la diferencian. Estos son, en primer lugar, que el capitalismo no produce propiamente una dogmática sino un culto; en segundo término, que dicho culto es permanente y no limitado a determinadas ocasiones festivas, como sucede en otras religiones y, por último, que en lugar de salvar o absolver a quienes lo profesan, la religión capitalista condena a sus fieles al castigo ignominioso de una culpa infinita. Apunta además Esposito que ha de repararse en la conexión semántica que existe entre culpa y débito, si pretendemos comprender bien el alcance de esta última afirmación (Esposito, 2011). Anotemos al paso que, aunque el brillante comentarista italiano no lo menciona de forma explícita, es evidente que se refiere al texto bejaminiano, «Kapitalismus als Religion» (Benjamin, 1985: 100-3), un escrito cuyo contenido nos lleva inevitablemente a pensar en el Weber de La ética protestante y el espíritu del capitalismo (Weber, 2008a: 29 y ss.) y otros trabajos afines. Pues, en cierta manera, estos pensadores nos ofrecen dos puntos de vista contrapuestos en lo que se refiere a la interpretación y valoración del capitalismo: desesperanzado en el primer caso, y cargado de signos