JORGE IBARGÜENGOITIA CABALGA EN LAS HISTORIAS DE SU PROPIA ESCRITURA. LA AUTO(R)FICCIÓN EN “LA VELA PERPETUA” DE LA LEY DE HERODES L UIS ALEJANDRO ACEVEDO Z APATA EL COLEGIO DE SAN LUIS Ya nadie lee a Ibargüengoitia. ROBERTO BOLAÑO Para mi querida suegra Remedios Jiménez, y para mi amigo en Guanajuato Luis Hugo Ramírez Barajas. A menudo se piensa que Jorge Ibargüengoitia (1928-1983) sólo escribió dos tipos de obras literarias: las de tono histórico y las de tono humorístico (o una combinación de ambas), pero él mismo, en un artículo publicado en la revista Vuelta y recuperado en el segundo tomo de su obra periodística reunida, habló así sobre su producción literaria: Aparte de Los relámpagos he escrito cinco novelas y un libro de cuentos que, si quiere uno clasificarlos, se dividen fácilmente en dos tendencias: la pública, a la que pertenecen Los relámpagos de agosto (1964), Maten al león (1969) […] Las muertas (1977) […] y Los pasos de López […]. Los sucesos presentados en esta novela son reales y conocidos, los personajes son imaginarios. La otra tendencia es más íntima, generalmente humorística, a veces sexual. A ella pertenecen los cuentos de La ley de Herodes (1967), Estas ruinas que ves (Premio Internacional de Novela México, 1974) y Dos crímenes (1979). 1 Esta facilidad atribuida a la clasificación de su propia obra, la reduce y priva de otro tipo de acercamientos, y lo que es peor, la puede hacer parecer, en efecto, o histórica o humorística, íntima o sexual (o todo eso junto). Sin embargo, una observación más detenida permite leer a Jorge Ibargüengoitia desde la autoficción, por ejemplo. No es un misterio que vida y obra se