Journal of Iberian and Latin American Studies, Vol. 7, No. 1, 2001 Modernistas, dandis y pederastas: articulaciones de la homosexualidad en “la edad de plata” Alberto Mira Oxford Brookes University Estetas y afeminados: el dandy como expresio ´n social de la homosexualidad Desde sus inicios, el debate en torno al modernismo hispano ha estado sutil- mente apuntalado por ideologõ ´as sobre el ge ´nero y la identidad sexual. A pesar de que en nuestros d õ ´as los estudios generales ma ´s difundidos (Litvak 1975; Polo 1987) rechazan la articulacio ´n del movimiento en te ´rminos de sexualidad, lo cierto es que la ideologõ ´a del ge ´nero contribuyo ´ a la construccio ´n del mo- dernismo y, muy especialmente, fue central en la percepcio ´n del mismo por parte del pu ´blico y la crõ ´tica. En uno de los estudios clave realizados durante el franquismo, Dõ ´az-Plaja (1951) se hace eco de las delimitaciones tradicionales al oponer movimientos casi contempora ´neos como “modernismo” y “generacio ´n del 98”. Utilizando una visio ´n del mundo basada en oposiciones “esenciales” que se remonta a Hera ´clito y toma inspiracio ´n de la losofõ ´a oriental, propone dos grupos de “actitudes” que se corresponden respectivamente con el modernismo y el noventayochismo , y se identican con los principios femenino o masculino. La oposicio ´n entre estas corrientes artõ ´sticas reeja una oposicio ´n loso ´ca de cara ´cter esencial, y al modernismo le corresponden atributos femeninos: Por una suerte de anidades electivas, o por una oscura seleccio ´n temperamental, es lo cierto que nosotros observamos una serie de elementos aproximados al signo viril en el Noventa y Ocho y al signo femõ ´neo en el Modernismo […] El Modernismo es, por lo general, pasivo, adina ´mico. De modo inverso al Noventa y Ocho, que actu ´a segu ´n una razo ´n activa y operante, el Modernismo es fundamentalmente receptivo, y su clave este ´tica—la sensibilidad—implica una actitud pasiva frente al despliegue de las cosas alrededor. La rebelio ´n o novedad con que se produce no sobrepasa lo formal; no actu ´a, por otra parte, ma ´s alla ´ del individuo, y aun del individuo considerado como sujeto este ´tico. Lo social […] no interesa. (211–12) Por supuesto, lo anterior tiene un limitado alcance explicativo en nuestros d õ ´as, pero es ejemplo de una visio ´n de las pra ´cticas artõ ´sticas de la “edad de plata” que afecto ´ a la constitucio ´n de ambas corrientes. Se trata de una visio ´n que reproduce otras elaboradas en la misma e ´poca pero extran ˜amente ignoradas por la crõ ´tica actual, temerosa del aanzamiento de una oleada de “sexualizacio ´n de la literatura”, que se ve como la llegada de los ba ´rbaros. 1 A pesar de esto, una reexio ´n sobre el discurso en torno al sexo a principios de siglo resulta ISSN 1470-1847 print/ISSN 1469-9524 online/01/010063-13 Ó 2001 Taylor & Francis Ltd DOI: 10. 1080/1470184012006256 3