BRIAN LEITER (ED.), Objectivity in Law and Morals, Cambridge, Cambridge University Press, 2001, 354 pp. Susana Blanco Miguélez Hace ya décadas que la filosofia contemporánea contempla el debate entre dos posiciones antagónicas. Por una parte, está la de los filósofos "objetivistas" en materia moral, política y jurídica, que aceptan la existencia de "valores" morales y entienden que los juicios políticos, jurídicos o morales que versan sobre valores pueden ser verdaderos o falsos, y que esos valores no son del mismo tipo que los hechos reconocidos por la ciencia. En este sentido, estos autores creen que hay juicios relativos a valores que pue- den ser objetivos. La otra posición de este debate es ocupada por los conocidos como "filósofos naturalistas", que insisten en que el mundo, al menos tal y como es entendido por nuestras mejores teorías científicas, no contiene ni puede contener valores. Por ello, estos autores niegan la posibilidad de que existan juicios relativos a valores morales, políticos, o jurídicos, que sean objetivos y portadores de un valor de verdad. Son muchos los teóricos contemporáneos que, provocados por el desafío lanza- do por los "naturalistas" a la objetividad de los valores, han elaborado diversas teorías orientadas a situarlos dentro del mundo natural. Estas teorías van desde quienes defien- den la idea de que los valores morales son reales, aunque distintos e irreductibles a los naturales; hasta quienes bus9an redefinir el objeto de la étic;a de modo que pueda ser "naturalizado" y, que, por tanto, pueda satisfacer las exigencias ontológicas de la ciencia natural. Cabe distinguir cuatro formas básicas de afrontar esta cuestión (de con- tornos muy amplios, por lo que dentro de cada una de ellas puede acoger teorías muy heterogéneas): a) la que podríamos calificar como "anti-objetivismo", que niega la exis- tencia de irreductibles a los hechos naturales reconocidos por la ciencia porque tales valores son inadmisibles según criterios científicos. b) El "no naturalismo moral", según el cual sí hay valores, y son irreductibles a los hechos admitidos por la ciencia; y el hecho de que estos valores no sean admisibles según criterios científicos, muestra la insuficiencia de tales criterios para dar cuenta de lo real en su integridad. c) El realismo moral, que considera que la moral es similar a la ciencia en cuanto a su carácter objeti- vo. Aunque los valores no son asimilables con los fenómenos naturales, son perfecta- mente compatibles con la ciencia. d) La posición según la cual la ciencia es similar a la moral porque, aunque algunos componentes de la moral satisfacen los criterios tradi- cionalmente aceptados como determinantes de la objetividad científica, un examen más pormenorizado de los mismos muestra que estos componentes "rozan" el ámbito cientí- fico, alinque no sean reconocidos en él. Cabe diferenciar dos variantes de esta posición. Una de ellas equipara el ámbito moral al científico cuestionando la pretensión de obje- tividad de los dos ámbitos (posición defendida, entre otros, por Rorty). La segunda variante cree posible entender la ciencia como objetiva, aunque no en el modo tradi- cional, al que considera "ingenuo", sino de un modo más elaborado y no demasiado diferente del tipo de objetividad que se da en el ámbito moral. 995