La urgencia de poner fin a la confrontación armada en Colombia, deriva de su probada capacidad no sólo de afectar la estabilidad institucional del país sino de generar un creciente número de víctimas. Los dos últimos gobiernos, tanto el de Andrés Pastrana como el del hoy presidente Álvaro Uribe, no obstante sus diferencias de matices, han ensayado una misma doble estrategia como fórmula para superar el conflicto interno. Por un lado, han combinado políticas complementarias de confrontación y negociación selectiva con los distintos actores parainstitucionales tales como la guerrilla y los paramilitares; mientras por el otro, realizan esfuerzos dirigidos a que la comunidad internacional asuma una participación más activa en la resolución de la crisis nacional brindando apoyos políticos, diplomáticos y económicos. Pero, ¿qué tan conveniente puede resultar para la seguridad y la paz del país una creciente participación de la comunidad internacional dentro de una ambigua estrategia del gobierno que combina represión y diálogo con los actores armados? ¿Cuáles han sido las dificultades y las bondades de este proceso? Responder a estos cuestionamientos implica abordar la participación de la comunidad internacional en al menos cinco puntos. Primero, analizar las razones que han llevado a que la crisis colombiana se haya ido internacionalizando; segundo, definir la naturaleza del conflicto colombiano; tercero, precisar la identidad de la comunidad internacional y la diversidad de sus intereses; posteriormente, determinar las visiones de la comunidad nacional e internacional sobre la salida al conflicto y finalmente, subrayar las encrucijadas de la guerra y la paz. Luego de décadas de que los colombianos nos matáramos en el más ignominioso anonimato mundial, en medio de un conflicto tan inhumano como infecundo e intrascendente, la comunidad internacional decide poner sus ojos en Colombia. Ello porque empieza a ser percibida por Washington y sus vecinos de la región andina como un “país problema”. Entre 1994 1998, durante el gobierno Samper, el conflicto era de tal magnitud que se temió que el Estado implosionara y exportara su crisis a todos los países limítrofes generando un “efecto contagio” capaz de afectar la seguridad de la región . 1. Internacionalización de la crisis. ii La erosión de la soberanía - producto del conflicto interno - tiene cuatro consecuencias fundamentales para la internacionalización de la crisis. Primero, aumentan espectacularmente los ataques contra la población civil por parte de todos los actores armados del conflicto. Los secuestros, las extorsiones, los ataques a poblaciones, las masacres y el desplazamiento de la población generan una verdadera catástrofe humanitaria que atrae la atención de la comunidad internacional. Segundo, la extrema debilidad institucional del Estado colombiano amenaza con proyectar la violencia guerrillera y paramilitar en los países vecinos, creando un riesgo a la seguridad de la región. Tercero, la erosión de la soberanía del país se traduce en una pérdida de autonomía por parte del gobierno sobre el manejo de los asuntos internacionales y una progresiva injerencia de gobiernos extranjeros tales como Washington o Caracas en temas nacionales. Finalmente, ante la lamentable situación interna, los gobiernos delinean una política exterior dirigida a ganar apoyos internacionales para la resolución del conflicto doméstico . Por otro lado, los componentes internacionales del conflicto tales como la existencia de actividades de narcotráfico y el accionar de grupos catalogados por EE.UU. y la Unión Europea (UE) de terroristas en territorio nacional, vinculan al conflicto colombiano con las nuevas amenazas mundiales y específicamente con la guerra contra las drogas y el terrorismo . Se ha vuelto un lugar común señalar el bajo nivel de respaldo social que tienen los grupos armados ilegales en Colombia. Pese a los éxitos militares de la política de Seguridad Democrática del gobierno Uribe, continúa siendo cierto el hecho de que los paramilitares y la guerrilla son organizaciones con un bajo nivel de convocatoria alrededor de propuestas políticas pero con una alta capacidad de intimidación. El hecho de que la sociedad no se escinda políticamente entre los bandos enfrentados, sino que más bien permanezca estupefacta como observadora y víctima del conflicto - el secuestro, la extorsión, el desplazamiento y las masacres se han dirigido hacia ella principalmente - nos impide hablar de una guerra civil en el país. Igualmente, cada vez más sectores tanto nacionales como internacionales niegan el carácter político de los grupos guerrilleros y paramilitares, señalándolos como simples narcoterroristas. Al respecto es emblemático el cierre de la Oficina de las FARC en México, la pérdida de espacios por parte de estas agrupaciones en Europa y las extradiciones de miembros de la subversión al igual que la solicitud de algunos comandantes de las autodefensas - bajo cargos de narcotráfico hacia EE.UU. Es innegable la participación de las FARC, las AUC y en menor medida del ELN en la industria del narcotráfico y el iii iv 2. Naturaleza del conflicto. COMUNIDAD INTERNACIONAL: AYUDA U OBSTÁCULO A LA SUPERACIÓN DEL CONFLICTO EN COLOMBIA Gustavo Morales Vega Profesor Pontificia Universidad JAVERIANA. Observatorio de Asuntos Internacionales. PERSPECTIVAS INTERNACIONALES NO. 1 AÑO 1 6